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Redacción
17 octubre 2023

Beatriz Amann: “El diseño siempre es más que arte”

A partir del concepto de desobediencia, la directora de la escuela de diseño del Istituto Europeo di Design de Madrid pone en valor el diálogo dentro proceso creativo para desarrollar la disciplina desde la escucha obligada al principio de oportunidad.

La puesta en duda que facilita la apertura de la pregunta, negando sin respiro aquello que se ha establecido tradicionalmente. Ese es el espacio en el que sitúa Beatriz Amann el inicio del proceso de diseño. La directora de la escuela de diseño del Istituto Europeo di Design de Madrid desde 2019 responde, desde su visión como docente y faro de las futuras generaciones, a la adaptación de la disciplina a las nuevas tecnologías y al nuevo debate alrededor de la sostenibilidad. Poniendo siempre en valor al diseño como proceso iterativo, aboga por una postura que trascienda la búsqueda de una creación exclusivamente bella, respaldándose en una funcionalidad que tenga como horizonte la custodia de un mundo mejor.

Pregunta: En su proyecto de tesis doctoral hablaba de la crítica poética como instrumento para cambiar la arquitectura a partir de la desobediencia, ¿que hay detrás de esta disrupción?

R: La crítica poética es un método de crítica dentro de la arquitectura propuesta por el doctor Antonio Miranda. El trabajo estudia esta metodología, que en vez de reflexionar sobre un espacio o una arquitectura ya construida, como acontece en la crítica tradicional, aplica directamente al proceso de diseño. La idea estaba enfocada en poder aplicar este modelo en el campo de la educación: esta metodología ayuda al estudiante a deconstruir un sistema tan complejo como es el espacio, dividiéndolo en diversas comparativas de pares como la morfología o el desarrollo técnico y constructivo, para ver durante el proceso iterativo del diseño si las decisiones que se toman son coherentes. Es decir, saber si estoy construyendo un diseño que en todo momento es coherente con las primeras ideas, decisiones o conceptos que en un principio se habían abordado. De esta manera, cuando me encuentre con una contradicción, el momento limitante se convierte en una oportunidad. Aquí nace el término de desobediencia: esa fricción nos va a llevar hacia una oportunidad para hacer un proyecto mejor.

P.: ¿Cómo se aplica esta metodología al proceso de diseño?

R.: El proceso siempre es iterativo, nunca lineal. A medida que la disciplina avanza, las decisiones van contemplando un proceso más complejo, porque cada vez hay más agentes implicados en el resultado final de cada proyecto. Esta metodología te permite racionalizar esa iteración y, según el momento del proceso, entender cuáles son esas reflexiones que hay que hacer en torno a la toma de decisiones.

P.: ¿Qué papel juega la poética dentro del diseño?

R.: El nombre viene del método crítico de Miranda, que entendía la poética como arte poético. Es decir, las bellas artes son artes que no tienen un fin en sí mismo, más allá de crear belleza y disfrute en la persona que contempla. Por el contrario, las artes poéticas son aquellas que, como la arquitectura o el diseño, añaden a esta característica una funcionalidad: un objetivo, en si mismo, crear bienestar y un mundo mejor a su alrededor.

P.: ¿El diseño tiene, por sí mismo, un matiz funcional?

R.: El diseño siempre es más que arte. Tiene un papel muy importante que es connatural a su condición, y estriba precisamente en su funcionalidad, en su interacción con el usuario y en su validez más allá de la mera estética. Esto es inherente al diseño. Si es sólo arte, no es diseño, es una obra de arte.

P.: ¿Las nuevas tecnologías están estandarizando los procesos de creación?

R.: Es verdad que existe una industria que estandariza o modula ciertas producciones a escala, pero esa no es la esencia del diseño. La disciplina continúa siendo humanista porque la base y el centro son el usuario. Las tecnologías han supuesto, a lo largo de la historia, nuevas oportunidades: de interacción, de acceso a materiales más sostenibles o de sistemas de producción más optimizados. La tecnología ayuda a hacer un diseño mejor. De hecho, se están produciendo piezas únicas con nuevas tecnologías. Además, hoy más que nunca, la personalización adquiere un peso mayúsculo en lo que se refiere a la necesidad de las personas de tener una identidad propia, por la importancia que adquiere después de una globalización generalizada el hecho de dar valor a lo local.

P.: ¿Cómo se aplica la nueva tecnología a la formación?

R.: Como digo, son siempre una oportunidad, y en el campo de la educación no es una excepción. Según la tecnología de la que estemos hablando, algunas serán una herramienta directa dentro del proceso de diseño para conseguir un desarrollo más sencillo. Y en otros casos, la tecnología supondrá una oportunidad para conseguir que los sistemas de producción estén más optimizados, con técnicas y materiales más sostenibles. Esto lo intentamos aplicar a la formación. La tecnología es una oportunidad, pero siempre tiene que venir acompañada de una visión humanista; es decir, de comprender cómo cada tecnología puede ayudarnos en nuestro proceso de diseño y tener claro para quién estamos diseñando.

P.: Hablando de oportunidades, ¿la pandemia fue un punto de inflexión para favorecer la reflexión sobre los pilares consustanciales de la disciplina en materia de sostenibilidad?

R.: La pandemia fue el detonante de una situación necesaria. La sostenibilidad no es un término nuevo. Nosotros llevamos trabajándolo mucho tiempo en nuestros programas y es connatural al foco y el perfil de lo que transmitimos al estudiante. La pandemia supuso que, de repente, de manera generalizada y global, todos entendimos que teníamos que tomar cartas en el asunto. Lo que estaba puesto sobre la mesa se vuelve fundamental. El cambio climático es consecuencia de muchas cosas que están pasando, como el debate que hay alrededor de las energías sostenibles. En la pandemia toda la reflexión se acentuó, pero es algo que ya estaba aconteciendo. Sin pandemia, hubiese sucedido igualmente.

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