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Hermosilla, un restaurante atemporal con el mínimo artificio.

En Madrid y con el mismo nombre que la calle que lo alberga, Hermosilla es un restaurante austero pero sofisticado. Un espacio diseñado desde la emoción con el mínimo artificio, donde Plantea Estudio ha cuidado hasta el más mínimo detalle.

Hermosilla

«Frente a las tendencias que surgen constantemente, hemos querido conseguir un ambiente sin ‘estilo’, que no pueda adscribirse a ninguna moda, ni siquiera a la moda de lo atemporal», cuentan los autores de este proyecto. Un local situado en un edificio de Gutiérrez Soto, que desde un primer momento invitaba a un tono general cercano al tierra del ladrillo y con grandes ventanales que lo inundan de una luz cambiante.

Iluminación cambiante

Con la luz filtrada y sus diferentes tonos como punto de partida, el local se colorea con tonalidades complementarias que refuerzan este espectro amplio y natural de luces y colores. De esta forma se logra un espacio cambiante, según sea de día o de noche, o según el día esté soleado o nublado. «Los colores se avivan y se distinguen entre si, o se templan y se funden, dependiendo del momento», cuentan desde Plantea Estudio.

Una cueva minimalista

Para enfatizar la potencia del edificio, el interior recrea una suerte de cueva. Un espacio íntimo y recogido, donde materiales originales, como el hormigón, el ladrillo y los yesos de la estructura, y los cerramientos originales, conviven con otros nuevos, como la curva que encierra el horno de pan y pizza. Continuo, variado en texturas y teñido de tonos tierra, el interior contrasta con los grandes huecos abiertos al exterior.

Continuidad y contraste

La madera vieja del suelo, el mármol rojo coralito de las encimeras o los lavabos dibujan una base perfecta para el barro cocido y las maderas oscuras de los muebles fijos. Además de añadir naturalidad y solidez, estas hacen funcional y enriquecen un espacio en el que se integran.

Para equilibrar, las sillas se eligen ligeras, de madera de contrachapado de abedul, las diseñadas por Aalto para Artek, y de aluminio, las de Frama. Además, las lámparas suspendidas de Arne Jacobsen y los apliques de pared de Charlotte Perriand añaden un punto ‘blanco’ en la sombra rojiza, tanto de día como de noche. Por último, dos ficus añaden un punto de sorpresa y realzan la altura del espacio.

Fotografía: Salva López

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