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María Bertero
9 febrero 2024

Francisco Javier Sáenz de Oiza: el maestro español de la curva más allá de Torres Blancas

Es considerado el mejor arquitecto español del siglo XX. Aunque incomprendido, Sáenz de Oiza dejó una huella indeleble en el paisaje urbano, especialmente en Madrid. Sus obras reflejan un equilibrio magistral entre la modernidad y la tradición.  

Un legado arquitectónico vanguardista 

Antonio Gaudí, Rafel Moneo, Santiago Calatrava o Ricardo Bofill son algunos de los grandes nombres de la arquitectura española. En el listado de los grandes maestros nacionales no puede faltar a quien se lo considera como el maestro de los maestros: Javier Francisco Sáenz de Oiza.

Nacido en Navarra, criado en Sevilla y con una carrera en Madrid, Sáenz de Oiza siguió el legado familiar de su padre, el también arquitecto Javier Sáenz Vallejo. Junto a su familia y coincidiendo con su periodo universitario, Saénz de Oiza se trasladó a Madrid, donde en 1949 finalizó sus estudios en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM). Vincular la arquitectura con las artes, especialmente la poesía, fue una de sus mayores motivaciones.  

Antes de convertirse en maestro, Saénz de Oiza fue discípulo de Torres Balbás, Luis Moya o López Otero. Su estilo estuvo influenciado por dos grandes de la arquitectura. De Le Corbusier tomó la idea de vincular la vivienda a la vegetación, mientras que de Frank Lloyd Wright cogió las curvas en los rascacielos.  

Torres Blancas

Como resultado, el trabajo de Sáenz de Oiza conjugaba una fuerte habilidad para fusionar formas contemporáneas con la herencia arquitectónica de España. Supo instaurar un estilo propio, donde primaban los materiales eclécticos y las curvas, ganando reconocimiento en España y en el extranjero.

En una entrevista a la Televisión Española confesó que «lo que quiero romper es con la situación de crisis por la que atraviesa el mundo, donde todas las ciudades parecen igual de monótonas».

Más allá de Torres Blancas

Sin dudas, Torres Blancas fue la obra más relevante en la carrera de Sáenz de Oiza. Controvertida para la época, el edificio construido entre 1962 y 1967 se convirtió en un referente de la arquitectura madrileña, con la intención de servir como puerta de entrada (o salida) a la ciudad. En el diseño del edificio de hormigón, de 21 pisos y con curvas y vegetación, colaboraron también Rafael Moneo y Juan Daniel Fullaondo.

Torre BBVA

Más allá de la particularidad de este edificio, Sáenz de Oiza construyó muchas más obras destacables. Aunque siempre estuvo muy vinculado a la vivienda, le puso la firma a otros proyectos que fueron relevantes para Madrid, como la torre del BBVA. El rascacielos destaca principalmente por sus materiales, vidrio y acero, y se compone de una estructura central que integra los sucesivos pisos de la torre en bandejas de diversas alturas.

Torre Triana

Su trabajo puede definirse como camaleónico. De Torres Blancas, un símbolo de poder de Madrid, Sáenz de Oiza pasó a proyectar el ruedo de viviendas de la M-30, un complejo habitacional que se finalizó en los ochenta para alojar a más de 300 familias de bajos recursos. El polémico diseño de este inmueble, arriesgado y moderno, le reportó en 1991 el Premio de Arquitectura y Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid. 

Palacio de Festivales de Cantabria

Sáenz de Oiza también participó en el diseño de la Ciudad Grupo Santander, un complejo financiero y empresarial construido en Boadilla del Monte, cerca de Madrid. Este proyecto incluye edificios corporativos y espacios urbanos que reflejan la estética contemporánea del arquitecto. Otros edificios destacables fueron Torre Triana, el edificio administrativo de la Junta de Andalucía en Sevilla; el Auditorio de los Festivales y la Música de Santander, el más diferente a todos y que muchos consideran el edificio más feo de España; o la Basílica de Aránzazu en Guipúzcoa.

Educador y mentor

Las diferentes obras que desarolló Sáenz de Oiza en España lo hicieron merecedor de varios premios. En 1954 se hizo con Premio Nacional de Arquitectura, mientras que en 1993 ganó el prestigioso Premio Príncipe de Asturias de las Artes gracias a su aporte a la escena arquitectónica española.

Más allá de sus galardones, Sáenz de Oiza desempeñó un papel vital como educador. Su carrera estuvo estrechamente vinculada a la enseñanza, ejerciendo como docente en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid durante muchos años.

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