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De Valencia a Oriente Medio: tres décadas de arquitectura y diseño en Ramón Esteve

Juan Ferrero, mano derecha del autor que da nombre a la firma y encargado de gestionar y coordinar el estudio, repasa la trayectoria de un espacio arquitectónico que se resiste a quedar encapsulado entre las leyes de su disciplina.

Una (o muchas) disciplina

Juan Ferrero lleva trabajando con Ramón Esteve más de veinticinco años. A mediados de los 90, ambos erigieron las bases de una firma con ambición internacional que no olvida sus raíces mediterráneas mientras viaja por el mundo. Desde el corazón histórico de Valencia que recuerdan las calles del casco antiguo de El Carme, donde tienen su centro de operaciones principal tras abandonar su primer espacio en el Eixample abierto de la capital del Turia, Esteve y Ferrero imaginan sus nuevos proyectos. Esteve, como director creativo. Ferrero, como gerente.

Tras las primeras pinceladas de Esteve en el campo de la arquitectura efímera a principios de los noventa, Ferrero empezó a compartir con él bocetos y propuestas en 1994. Esos años que quedaban de siglo los pasaron inmiscuidos entre la lógica de la disciplina interiorista, y  es que el valor primordial que ha orientado la metodología que define su trayectoria no tardó en florecer. En el diseño de un proyecto residencial para un cliente en Ibiza, “en un momento en el que no existía el mobiliario como lenguaje formal contemporáneo, hicimos una colección de manera casi inconsciente que completó nuestra propuesta arquitectónica”, recuerda Ferrero.

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El diseño pasaba a entrar en su catálogo de servicios, pero no fue hasta 2013, con su exposición en la Sala Cambra de La Rambleta, cuando la disciplina pasó a consolidarse como actividad propia de la firma. Aunque la integración de disciplinas siempre había estado presente, en 2015 se creó un departamento propio de diseño, “físicamente alejado del estudio de arquitectura actual”, con un equipo de seis personas que no sólo diseñaban como complemento a la arquitectura, sino que entregaban al sector voz (y luz) propia. El reto por dotar de personalidad al diseño se fue mezclando, poco a poco, con los obstáculos de su nueva visión internacional, vinculados a empresas italianas, danesas o chinas, “que son las que más problemas dan en cuanto a creatividad”.

El valor sanitario

La mezcla de disciplinas, que funde la discusión entre el todo y sus partes, fue la máxima principal de Esteve desde sus inicios. Y Ferrero, ya el primer día, la apoyó. Fue en ese primer momento de comunión cuando llegó su primer gran punto de inflexión: el Centro de Investigación Príncipe Felipe. Bordeando la Ciutat de les Arts i les Ciències de València, ese fue el trampolín para empezar a crecer como estudio. Los 30.000 metros cuadrados de proyecto constituyeron el motivo por el que, con la entrada del nuevo siglo, la pareja pusiera definitivamente el pie en Valencia.

Del binomio disimulado pasaron a un equipo de quince personas en poco tiempo, y eso les obligó a reestructurar su organigrama. Ferrero comenta que fue entonces, entre 2003 y 2004, “cuando empecé a dejar de lado la parte de diseño y empecé a dedicarme a la coordinación”. El estudio crecía. Y en 2010, junto a Aidhos Arquitec, llegó el proyecto para el nuevo Hospital Universitario la Fe. Otro punto de inflexión.

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Ferrero recuerda que, con la llegada de la crisis de 2007, “mantuvimos al equipo e iniciamos un proyecto de internacionalización”. El estudio incluyó dentro de su plantilla, por primera vez, a una persona que gestionaba todo lo relacionado con la comunicación. Antes de llegar a las casi treinta personas que conforman el estudio actualmente, el equipo empezó a entender que vendían creatividad y defendían “la idea de una visión global de la arquitectura, el diseño y el interiorismo, pero no dejábamos de ser una empresa”.

La voz de la parcela

El tímido cambio al traje y corbata se consolidó tras una exposición organizada en la sala de la Muralla del Institut Valencià d’Art Modern para conmemorar sus veinte años de trayectoria, en 2010. Planos, bocetos y fotografías para sumergir a los visitantes en el universo creativo de Esteve. Pero también para que la propia empresa se viera reflejada, en el espejo más sincero que podían haber encontrado, tras una revisión panorámica que agrupaba todo su pasado.

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En el estudio actual de arquitectura (y es que más allá de la mezcla de disciplinas continúan siendo arquitectos), el sector sanitario sigue estando muy presente. El lenguaje contemporáneo del Hospital de la Fe, tras sus grandes volúmenes de hormigón blanco, define una de las tres patas del estudio, junto a la residencial (en la que ahora tiene proyectos abiertos en México, Chipre, Costa Brava o Mallorca) y la interiorista. El nuevo Hospital de Viladecans, junto a un estudio local, es el nuevo escalafón de la compañía.

Sin embargo, tras su visión empresarial, Ferrero incluye sin reservas un cuarto sector, el internacional, “un equipo transversal y eminentemente residencial que, hoy en día, tiene el foco puesto en Oriente Medio”. Allí, el despacho encuentra nuevos modelos, nuevas maneras de entender la arquitectura vernácula que relata la tradición del lugar tras el clima, el paisaje o la cultura. “Escuchando a cada parcela”, comenta Ferrero, partiendo de la singularidad que la define, pero sin olvidar la luz mediterránea de su Valencia natal: la iluminación que promueve un diálogo diáfano entre el espacio interior y el exterior. Como su propuesta arquitectónica original.

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