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Okuda San Miguel y el Faro de Ajo ¿Arte o Desastre?

El artista santanderino ha finalizado"Infinite Cantabria", una intervención en el faro de la localidad de Ajo. Sus coloridos patterns no han sido del agrado de todo el mundo...

¿Arte o desastre?

Lo que para unos es una auténtica obra de arte, para otros es una aberración. Suele ocurrir con el arte moderno y, especialmente, con el arte urbano. El último en encontrarse en el ojo del huracán ha sido el Okuda San Miguel. Y, para más inri, la ha sucedido en Cantabria. Está claro que nadie es profeta en su tierra.

Infinite Cantabria. Okuda San Miguel. faro de Ajo.

El encargo le llegó directamente de la Autoridad Portuaria de Santander y del Ayuntamiento de Bareyo. Okuda debía trasladar sus singulares creaciones –figuras fragmentadas en formas geométricas, caracterizadas por una fuerte policromía caleidoscópica– sobre el Faro de Ajo. Hasta entonces, un faro blanco, blanquísimo, construido en 1930 a 40km de Santander, que se ha convertido en el primer faro intervenido artísticamente en España.

Infinite Cantabria

A pesar de estar habituado a trabajar con grandes dimensiones, para San Miguel ha significado todo un desafío. «Ha sido una experiencia única, tanto por el reto artístico que ha supuesto para mí, como por haber realizado este proyecto en mi tierra», comenta. 

Infinite Cantabria. Okuda San Miguel. faro de Ajo.
Infinite Cantabria. Okuda San Miguel. faro de Ajo.

El artista cántabro lo pintó en 3 días y empleó más de setenta colores sobre las paredes cilíndricas de la torre del faro, de 16 metros de altura. El diseño de las figuras geométricas representadas se inspira en la fauna local y la riqueza natural de la región -vistas, está claro, desde una perspectiva bastante moderna-.

Infinite Cantabria. Okuda San Miguel. faro de Ajo.
Infinite Cantabria. Okuda San Miguel. faro de Ajo.

La polémica está servida

Okuda culminó su magna obra a finales de agosto e, ipso facto, se desató la polémica. Fans vs detractores. Algunos llegaron a pedir, sin éxito, que se parase el proyecto incluso antes de que finalizara.

«Infinite Cantabria» ha abierto la caja de los truenos, poniendo a debate la tradición vs. la modernidad. Ha generado una nueva reflexión acerca de la inviolabilidad de edificaciones históricas y la conquista de arte en el espacio público.

Al artista, no obstante, no le viene de nuevo. Ya está acostumbrado a que sus obras generen cierta controversia. Es una constante en su discurso artístico, que ha quedado patente en otras de sus grandilocuentes intervenciones, como la Iglesia Skate (2015) o la Falla de Valencia (2018).

Infinite Cantabria. Okuda San Miguel. faro de Ajo.
Infinite Cantabria. Okuda San Miguel. faro de Ajo.

Arte o desastre, hay algo que no se puede negar: Infinite Cantabria se ha convertido en un súper reclamo que ya ha atraído a miles de curiosos y turistas a la región (10.000 personas solo el primer fin de semana).

Seguramente el carácter efímero de la obra es otro de los atractivos para acercarse a visitarla: permanecerá durante un período máximo de 8 años, tras el cual el Faro de Ajo volverá a ser blanco, blanquísimo.

Infinite Cantabria. Okuda San Miguel. faro de Ajo.

Fotografías: Beatriz Carretero & Omar H. Garcia.

Más intervenciones de Okuda San Miguel en este enlace.

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1 comentario

  1. Juan Mantilla Gutiérrez. Abogado urbanista

    El proyecto de pintarrajear al completo con todo tipo de colores chillones el faro del cabo de Ajo, es un nuevo ejemplo lamentable de confusión entre cultura y espectáculo por parte de los políticos al frente de las instituciones públicas encargadas de velar por la conservación del patrimonio histórico y cultural, lo que incluye el respeto a los paisajes naturales. Esta iniciativa constituye un ejemplo de degradación de un edificio perfectamente integrado en el entorno, que forma parte de nuestro patrimonio paisajístico y herencia cultural. El faro de Ajo es un elemento definitorio del paisaje costero, cuya forma y color originales guardan una relación lógica con sus funciones y con su razón de ser.
    Por ello el proyecto hecho público de su “decoración artística”, además de muy lamentable en su calidad estética, constituye un precedente muy peligroso. Se empieza así, y se acaba repintando los bisontes de Altamira, porque su color no es tan brillante como el turista-consumidor espera encontrar, o por el mismo motivo, se acaban pintando los capiteles de la Colegiata de Santillana, para que destaquen en los “selfies” que se hagan los turistas. Habrá quien pueda pensar que esta opinión es exagerada y fuera de lugar, pero, por desgracia, la lista de monumentos degradados en aras de su mayor impacto turístico es extensa.

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