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Haugen/Zohar crean una mágica cueva de juegos para niños con residuos preindustriales en Noruega.

Los espacios de juego para niños, pensados como lugar de trabajo diario para ellos, necesitan experimentación y creatividad. Es una forma de interacción social que insiste en la elaboración colectiva de normas y el cambio, el ensayo y la dependencia mutua, la imaginación, la risa, y la sorpresa. Encontrar maneras de desarrollar e incluso ampliar el espacio social en que esto puede ocurrir es una tarea seria, que han tratado de conseguir los arquitectos Haugen / Zohar con la "cueva para niños" del patio de la escuela Breidalikk, en Trondheim (Noruega).

Así, tomando como lema la frase del escritor uruguayo Eduardo Galiano «Enséñame cómo juegas y te diré quién eres» han creado un mágico entorno de juego para niños.

El punto de partida fue excelente: libertad plena para diseñar, un público objetivo interesante (los niños como usuarios) y un presupuesto muy reducido. Para los arquitectos, «diseñar para niños es liberador y alegre. Los niños son los clientes finales que disfrutan más de la innovación, y tienen la mente abierta».

La inspiración para el proyecto proviene de las cuevas naturales, de las que toma la protección de los rayos solares y la lluvia, la posibilidad de esconderse y escalar.

La estructura es una cueva de 50 m3 para los niños, construido con 1,5 toneladas de residuos pre-industriales excavados mediante tecnología de fabricación sustractiva que se pegan por apilamiento de capas, separados en módulos que se pueden colocar de diferentes formas.

Así se forma un espacio reservado, misterioso, resistente a la climatología y que proporciona infinitas posibilidades de diversión.

Fotografías: Grethe Fredriksen

 

 

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