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Ruta 66 ‘a la catalana’. Aires vintage y neones para la Carnicería Germans Soler.

Carniceria Germans Soler de Pau Sarquella 1 (Copiar)

La historia es la de siempre. Una tienda que vende un buen producto y goza de la confianza de los vecinos desde hace años pero a la que le falta un reclamo para captar clientela foránea. Y en este caso no hablamos tanto de marketing sino de diseño, pues se trata de atraer a los conductores que circulan por la carretera de Palamós (Girona) a su paso por la población de Celrà. Es la ‘ruta 66′ a la catalana: desde la autopista que viene de Barcelona, a las playas de la Costa Brava.

Allí está la Carnicería Germans Soler, en un edificio con la fachada principal a pie de carretera y una de los laterales también visible para los coches ya que está situada al lado de un solar. El arquitecto Pau Sarquella ha sido el encargado de conseguir el objetivo: que los vehículos ya no la ignoren.

Carniceria Germans Soler de Pau Sarquella 2 (Copiar)

 

Carniceria Germans Soler de Pau Sarquella 3 (Copiar)

El rediseño también se ha aplicado tanto en el exterior como en el interior, buscando una renovación total que ofrezca una imagen más actual y atractiva pero sin perder el carácter tradicional que distingue a este negocio, que ya va por su segunda generación.

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La fórmula de Sarquella ha consistido en recuperar la arquitectura original del local, realizar una estudiada elección del mobiliario y jugar con la creatividad como reclamo. Y ha funcionado, pues aparte de ya no pasar desapercibido, el proyecto ha sido uno de finalistas a los Premios FAD de Arquitectura e Interiorismo de esta edición 2014.

Lee más sobre los finalistas a los Premios FAD en diarioDESIGN. 

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Empecemos por dentro. Lo primero fue recuperar el estado original de la tienda, situada en la planta baja de una casa familiar de dos plantas.  Desenterraron los pavimentos, destapiaron las ventanas, tumbaron paredes, rascaron los muros y descubrieron las bóvedas.

Carniceria Germans Soler de Pau Sarquella 6 (Copiar)

Segundo paso: inundar el interior de blanco para dotar de luz al local. Sólo se salva parte del techo abovedado, en el que se mantiene el color natural del ladrillo. La mayoría de las zonas de exposición y trabajo se alicataron con baldosas para higienizar y añadir reflejos.

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El suelo para la zona pública también está cubierto de azulejos, pero con mosaicos en tonos oscuros, que contrastan con el blanco y le dan un aspecto vintage. Por otra parte se han dejado los conductos a la vista para añadir un cierto toque industrial.

Luego tenemos los acabados y el mobiliario. Aquí Sarquella ha realizado un aproximamiento más nórdico al emplear la madera de pino para otorgar calidez y confort al espacio.

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El mobiliario es el auténtico protagonista de la tienda. Puesto que el objetivo era maximizar los metros lineales de exposición, se ha buscado una solución que gestione la entrada, organice el espacio en la diagonal más larga para guiar la compra y dirija la mirada hacia los productos más suculentos. Una serie de vitrinas y estanterías diseñadas por Sarquella, en colaboración con la arquitecta Carmen Torres, lo resuelven.

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Los tres grandes ventanales de la fachada frontal, dos de los cuales funcionan como puertas, proporcionan la entrada de luz natural, del mismo modo que el color blanco produce una gran luminosidad. El apartado de iluminación se completa con luminarias de distintos estilos: desde lámparas metálicas en tonos doradas a focos.

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Ya en el exterior el truco para llamar la atención a los coches ha consistido en darle a la fachada lateral el estatus de principal. Para ello han jugado con la creatividad. Primero le han dado continuidad al interior al pintar el exterior de blanco, dejando sin cubrir un cuadrado en la fachada lateral para que luzca el ladrillo, al igual que en las bóvedas interiores, y un rectángulo que han pintado en gris.

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Luego han pintado una franja oscura en la frontal que gira y continúa por la fachada lateral, y las han rematado con dos reclamos publicitarios. En la fachada lateral, dentro del rectángulo gris, han pintado la silueta de un cerdo a modo de estandarte del contenido de la tienda. El solar, por cierto, se ha convertido en zona de aparcamiento, lo que también da más visibilidad.

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Y en la fachada delantera han colocado un rótulo de neones amarillos en el balcón para llamar la atención por la noche, un recurso inesperado en este tipo de negocios y que rompe con la estética interior pero que, sin duda, cumple con su objetivo: que la carnicería ya no pase desapercibida.

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Fotos: Joan Guillamat y Pau Sarquella.

 

Carnisseria Germans Soler
Carretera Palamós, 56
Celrà (Girona)
T. 972 494 162

 

 

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3 comentarios

  1. […] El fin, llamar la atención de nuevos clientes.  leer más […]

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