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Bienal de Sevilla: los veinte mejores proyectos de la arquitectura española

La exposición, organizada alrededor de la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, divide los veinte proyectos premiados en cinco horizontes que ponen en valor la expresión futura por encima del discurso urgente e inmediato que ha liderado el debate arquitectónico de las últimas décadas en España.  

Tras un futuro palpable

La contemplación futura ha sido la gran olvidada para el desarrollo de la arquitectura española durante las últimas décadas. Así lo asegura, bajo el lema Me-dio Pla-zo, la organización de la XVI Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo, que se celebra hasta el 20 de noviembre en Sevilla. El peso de lo inmediato ha sido capaz, mediante la veneración sobre lo urgente, de eliminar cualquier expresión que mirase más allá de su propio hombro.

El medio plazo que presume el principal enunciado de la Bienal se materializa en el listado de veinte proyectos premiados para esta edición. Juan José López de la Cruz, María González García y Ángel Martínez García-Posada son los tres comisarios de una celebración que ha dividido los proyectos galardonados en cinco grandes horizontes que huyen del presente de distinta manera, pero que siempre ponen en valor un más allá que nunca debe estar tan lejos como para pasar desapercibido y olvidado.

La tradición como construcción futura

El primer horizonte es quizás el más revelador, y responde al nombre de nuevos programas.  De la Cruz definía su arquitectura como aquella que se replanteaba, antes de iniciar cualquier movimiento, la manera que tiene una voz única para relacionarse con la disciplina, poniendo el foco en la singularidad de cada propuesta y en la intención concreta que tras ella se esconde.

Entre los cuatros premiados de este grupo (cada sección cuanta con cuatro condecoraciones) destaca la propuesta de viviendas sociales en Ibiza de Marta Peris y José Toral, un complejo que se adapta a las particularidades climáticas de la isla y revaloriza la habitación como unidad espacial y proyectual.

Y es que aunque sea cierto que el futuro es la piedra angular de este nuevo discurso, la atmósfera precedente no pasa desapercibida. A la reflexión del primer horizonte se le suma el segundo gran eje de los premios de la Bienal, constituido alrededor de las raíces sociales. En esta categoría, se ha valorado la arquitectura que aprende de la construcción vernácula para construir su lenguaje, erigiendo puentes que miran hacia el pasado como paso necesario para poder cruzar hacia el futuro.

En este espacio se ha premiado la rehabilitación de la villa de Fuentes, en el valle del río Guadalquivir, un ayuntamiento de estilo neoclásico levantado a finales del siglo XVIII; o la restauración de tres ermitas del Camino de Santiago Francés a su paso por Aragón, recuperando las ruinas que el paso del tiempo ha ido menguando desde principios del siglo XII.

El peso de lo plural

Las acciones comunes representan el tercer gran puntal, proyectos orientados al espacio común que organiza la estructura de la vida social. El acondicionamiento del borde portuario de Porto do Son, en A Coruña, ejemplifica a la perfección la actitud de esta categoría, a través de un espacio que mediante su configuración urbana consigue expresar con fuerza la relación de la ciudad gallega con el mar que baña sus costas y la actividad pesquera de su gremio marítimo.

O la Biblioteca Pública de Córdoba, que aprovecha los Jardines de la Agricultura que la abrazan para subrayar la continuidad del edificio con la naturaleza, convirtiendo el mismo parque en un espacio perfecto para salir a leer y desarrollar distintas actividades. Como la transformación reproducida en la Plaza de España de Madrid, que reinterpreta el valor patrimonial desplegado en el centro de la capital introduciendo una serie de cambios que proponen nuevas posibilidades de uso orientadas a potenciar la arquitectura del espacio.

Los dos últimos focos

El cuarto horizonte es el de las lógicas constructivas, que entiende todo el proceso de edificación desde una unidad que valora el discurso que arrastra cada una de las decisiones tomadas durante el proceso, buscando una utilidad que trasciende la simple apariencia del resultado final del proyecto. Uno de los cuatro premiado en este horizonte es la rehabilitación de la Casa de la Cultura de Boadilla como nueva biblioteca y teatro municipal, un edificio que saca provecho de las condiciones urbanísticas, programáticas y materiales del edificio original.

El último horizonte es el de escalas precisas, proyectos que van de lo general a lo concreto, y entre los que se encuentra galardonado la restauración ambiental de los entornos del Rec Comtal en Vallbona, que buscan recuperar la infraestructura verde y revalorizar la importancia del agua como patrimonio a partir de la plantación de especies vegetales que atraigan fauna y garanticen la reactivación de los ciclos biológicos. Atendiendo a la totalidad del espacio a reformar y revalorizar, el proyecto parte de lo quirúrgico para transformar la atmosfera del entorno en su conjunto.

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