Ingeniero de formación y ebanista por elección, Mike Hausmann diseña muebles donde la materia, las uniones y las huellas del tiempo forman parte de la pieza. Hablamos con él sobre su proceso de diseño, en el que la precisión tecnológica se mezcla cada vez más con la sensibilidad artesana.
Mike Hausmann estudió ingeniería y después hizo un máster en ingeniería de materiales. Paradójicamente, cuanto más aprendía sobre ellos, menos los tocaba. «La ingeniería se había vuelto casi completamente digital y la única oportunidad de tocar algo real era un laboratorio», recuerda. Echaba de menos trabajar con las manos y terminó encontrando en la ebanistería una forma diferente de aplicar todo aquello que había aprendido.
Hoy diseña y fabrica mobiliario en madera maciza desde su taller de Barcelona. Y aunque su formación técnica sigue apareciendo en la manera en la que piensa una estructura o resuelve una unión, hay algo que ha cambiado radicalmente: ya no necesita saber exactamente cómo será un objeto antes de empezar a hacerlo.
Una mesa puede empezar en un aserradero
Hausmann trabaja con un aserradero cercano que visita personalmente cuando el proyecto lo permite. Allí busca tablas con vetas particulares, formas irregulares, grietas o restos de corteza capaces de desencadenar una idea. En ocasiones, el mueble empieza antes que el dibujo. «Prefiero que el proceso empiece en el árbol. Entonces el diseño no consiste en imponer una forma al material, sino en responder a lo que ese material ya es», comenta.
Después llega el boceto, pero tampoco entonces está todo decidido. Hausmann suele trabajar con dibujos sencillos y medidas aproximadas y termina de resolver muchos detalles mientras fabrica. Una pieza que parece demasiado ligera puede pedir un travesaño; una veta puede cambiar la posición de un corte; una irregularidad que inicialmente parecía un problema puede terminar convirtiéndose en aquello que hace especial al mueble.
No significa dejar el resultado al azar. «Intento controlar lo que tiene que estar controlado: las proporciones, la estructura, que las uniones estén bien resueltas y que el mueble vaya a durar». Para todo lo demás, prefiere dejar cierto margen.
En busca de la (no) perfección
Quizá una de las frases que mejor explica su trabajo sea también una de las más sencillas: «La industria busca homogeneidad porque necesita repetir. Yo no necesito repetir». Una grieta, por ejemplo, solo es un defecto si compromete la estabilidad de la pieza. Si no lo hace, Hausmann puede decidir conservarla. Lo mismo ocurre con un nudo, un cambio de tono o un borde irregular. «Si simplemente cuenta de dónde viene esa madera, la conservo».
Por eso dos muebles suyos pueden compartir diseño, dimensiones y sistema constructivo sin llegar a ser nunca exactamente iguales. En los proyectos a medida, incluso invita a sus clientes a participar en esa diferencia desde el principio. Algunos le acompañan al aserradero; otros reciben fotografías de distintas tablas para elegir la veta y el carácter de su futura pieza. Cada mueble sale después del taller con su propio certificado de autenticidad.
Muebles que enseñan sus costuras
Hay otra característica que se repite en el trabajo de Hausmann: las uniones se ven. En lugar de ocultarlas, espigas, ensambles y encuentros entre piezas forman parte del aspecto final del mueble. «La manera en que algo está hecho forma parte de su belleza», explica. Su primera colección gira precisamente alrededor de esta idea: mostrar cómo se hacen las cosas y recuperar técnicas de ebanistería que han ido perdiendo presencia con la industrialización del mobiliario.
Para Hausmann también hay algo de honestidad en ello. «Me gustan los muebles que no engañan, que no aparentan ser otra cosa». Si podemos entender cómo se sostiene una mesa, también podemos imaginar cómo desmontarla, mantenerla o repararla dentro de unos años.
No todo tiene que esconderse
Cuando habla de muebles pensados para durar generaciones, Hausmann no imagina piezas que envejezcan sin una marca. Más bien al contrario. Una de sus referencias son las puertas modernistas que encuentra por Barcelona y que han acumulado durante décadas golpes, parches y reparaciones. «Creo que esas intervenciones les añaden valor, porque cuentan la historia del objeto».
En sus muebles utiliza madera maciza y acabados al aceite precisamente porque permiten reparaciones relativamente sencillas y localizadas. Además del certificado, cada pieza se entrega con una guía de cuidado y mantenimiento para que su propietario sepa cómo actuar a medida que envejece: «diseñar para durar no es diseñar para que algo permanezca perfecto».
Puede que ahí esté una de las claves más interesantes de su trabajo. Hausmann diseña objetos sencillos, pero no pretende que sean neutros ni mucho menos idénticos. Quiere que podamos reconocer la veta, descubrir cómo están unidos y entender que aquella mesa fue antes un árbol y que probablemente será distinta dentro de veinte años.
En este enlace descubrimos otros diseñadores españoles que revalorizan la artesanía.
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