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Museos

Geometría y color en la nueva sala de cine del Museo Reina Sofía

Geometría y color en la nueva sala de cine del Museo Reina Sofía
María Camila Martínez

María Camila Martínez

01 diciembre 2025

Jaume Bach y Anna & Eugeni Bach transforman el antiguo auditorio Sabatini del Museo Reina Sofía en una sala de cine contemporánea donde la geometría es el hilo conductor. Una intervención que mejora la acústica, la luz y los sistemas de proyección.

Un espacio con historia

El Museo de Arte Reina Sofía se levanta sobre el antiguo Hospital General de Madrid, un edificio del siglo XVIII firmado por José de Hermosilla y Francisco Sabatini. Tras varias intervenciones, hoy es uno de los centros de referencia del arte moderno y contemporáneo en Europa. Este antiguo hospital, conocido como edificio Sabatini, contaba con un auditorio, obra de Jaume Bach y Gabriel Mora, espacio que acogió durante años conferencias y actos institucionales.

La ampliación del museo, que incorporó dos nuevos auditorios, abrió la oportunidad de repensar el auditorio original. La institución decidió reconvertirlo en una nueva sala orientada a formatos audiovisuales, un nuevo uso que exigía otra escala, otro sistema y otra manera de entrar y habitar la sala. Jaume Bach y Anna & Eugeni Bach asumen el proyecto con esos objetivos: redefinir el acceso y la platea, actualizar la materialidad para mejorar el comportamiento acústico e integrar un sistema de imagen y sonido acorde a las necesidades actuales.

Geometría como hilo conductor

La propuesta conserva dos elementos clave del diseño original de Bach y Mora: la sala de proyección triangular que articula y divide la circulación en la entrada, y el triángulo suspendido sobre el escenario que originalmente cumplía funciones de reverberación. Ambos, en su momento, definían la identidad geométrica del espacio y organizaban el movimiento de los visitantes. En esta actualización también se eliminan las antiguas cabinas de traducción, hoy en desuso, liberando la sala de elementos que han dejado de ser prescindibles.

La platea se transforma para aumentar su inclinación y mejorar la visibilidad de la pantalla, ajustándose a las necesidades de proyección y a los formatos audiovisuales actuales. La nueva geometría de la platea optimiza la percepción sonora y la visual, reforzando la experiencia del público. El triángulo suspendido, uno de los rasgos más emblemáticos del espacio, se reinterpreta como una pantalla acústica que integra y oculta los altavoces centrales, manteniendo su presencia formal pero adaptando su función.

Con esta estrategia, se pretende adaptar las condiciones de la sala a su nuevo uso y, al mismo tiempo, mantener el carácter de “objetos geométricos” dispuestos bajo el gran espacio abovedado que definía la propuesta original, concebido como un cielo estrellado que acogía diferentes eventos. En el vestíbulo se incorpora un nuevo elemento: un almacén también triangular, cuyo volumen dialoga con la cabina de proyección y continúa la lógica geométrica del proyecto. Este nuevo triángulo acompaña y dirige la circulación hacia el interior, reforzando la estructura espacial que articula el acceso a la sala.

Color, acústica y tradición cinematográfica

La paleta de color parte de dos tonos principales: el azul que define la bóveda, evocando un cielo nocturno, y el rojo clásico de la moqueta, los laterales y las cortinas, en relación con el Cine Skandia de Erik Gunnar Asplund en Estocolmo y el Cine Doré en Madrid. Ambos remiten a los teatros clásicos y cumplen con una función, pues los colores oscuros evitan reflejos y favorecen la proyección. La serliana existente se conserva y, al unificar todas las superficies en un único tono rojo, aparece como una pieza singular que recibe al visitante y revela la nueva sala tras densas cortinas de terciopelo que remiten a universos cinematográficos amplios, desde Luis Buñuel a David Lynch, de Pedro Almodóvar a Aki Kaurismäki.

Para mediar entre estos dos tonos, las superficies absorbentes situadas en los nichos de las ventanas se convierten en puntos de iluminación tenue. Esta, resalta estas aberturas y las convierte en volúmenes al aire libre, amplificando la sensación de estar fuera. En el antiguo hospital, las ventanas estaban ocultas tras paneles de madera con motivos fresados que evocaban gotas de lluvia, sugiriendo de manera sutil la presencia del exterior. Esa atmósfera evocada se retoma y se refuerza ahora con la nueva propuesta, que recupera la cualidad de apertura y relación con el entorno.

La intervención mejora la acústica, ordena la experiencia del usuario y respeta la identidad del diseño original. La sala vuelve a ocupar un lugar central en la vida del museo, ahora enfocada al cine y a los formatos audiovisuales contemporáneos, adaptando sus sistemas a usos de ahora y respetando el lenguaje original del espacio.

Fotografía: Eugeni Bach

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