Castroferro Arquitectura ha rehabilitado un piso de 144 metros cuadrados en el icónico Edificio Massó en Vigo, proyectado por Jacobo Esténs a mediados del siglo XX. La reforma recupera tres ventanas tapiadas hacia la ría, elimina los pasillos y organiza la casa como una secuencia continua de estancias, pensada para que una familia con tres hijas se cruce y conviva cada día.
Rehabilitar desde el respeto
Las ciudades españolas están repletas de edificios que en su día miraban al mar, al río o a la plaza y que, con el tiempo, fueron perdiendo esa relación en reformas mal entendidas. Ventanas cegadas, tabiques que rompen una geometría pensada con cuidado, materiales que sustituyen sin motivo lo que ya funcionaba. Muchas rehabilitaciones de hoy se limitan a actualizar lo que encuentran, sin preguntarse qué había antes ni por qué.
En Vigo, Castroferro Arquitectura ha hecho justo lo contrario. El edificio, obra de Jacobo Esténs para el empresario Gaspar Massó, resuelve su esquina con una curva entre la fachada sur y la calle transversal, un recurso propio de la transición entre el eclecticismo académico y los primeros lenguajes modernos. Sobre esa arquitectura sobria de mediados del siglo XX, el estudio localizó tres ventanas verticales de la fachada norte que llevaban tapiadas mucho tiempo. Al reabrirlas, el piso ha recuperado su triple orientación original y, con ella, la relación directa con la ría que el edificio tenía desde el principio.
Vivir sin pasillos
Los nuevos propietarios de este piso en Vigo querían un hogar donde cruzarse fuera inevitable. Por eso, Castroferro Arquitectura ha eliminado cualquier espacio pensado únicamente para circular. Cada recorrido atraviesa una estancia habitada. Por ejemplo, la cocina, con su isla como punto de encuentro, enlaza con el comedor de roble y con el salón, que mira de frente a las tres ventanas recuperadas y enmarca la ría como fondo.
Por otro lado, el dormitorio principal, orientado a la Plaza de Compostela, forma parte de esa misma secuencia gracias a un sistema de paneles correderos que dejan oculta la cama. Cuando hace falta, la habitación se cierra y recupera su intimidad. Cuando no, se suma con fluidez al espacio de día. Toda esta secuencia sigue el lenguaje de la estructura original de hormigón, que funciona como hilo conductor del proyecto.
Una casa dentro de la casa
Junto al patio de la fachada norte, los tres dormitorios de las hijas del matrimonio se separan de la zona de los padres y funcionan casi como una vivienda independiente. En ella, grandes puertas correderas permiten unir las tres habitaciones en un único espacio para el juego o cerrarlas para devolver a cada una su privacidad.
De esta forma, Castroferro Arquitectura propone una solución que no depende de reformas futuras. Y es que la arquitectura de este piso en Vigo ya contempla que las necesidades de una familia con hijas pequeñas cambiarán con los años y podrá responder a esa evolución sin tener que tocar sus tabiques.

Sobriedad material
Los materiales se han reducido al mínimo necesario. El roble en espiga recuerda los suelos que tuvo el piso en origen y aparece también en los armarios. Por su parte, la isla de cocina, en piedra, se presenta como el lugar de encuentro de la casa. Además, el hormigón de la estructura original queda visto con su textura basta intacta, en contraste con la carpintería de líneas limpias.
En el baño de la suite principal, el mármol y la grifería en latón dorado introducen una nota más cálida frente a la ciudad que se ve por la ventana. Nada sobra porque nada hacía falta para acompañar la sobriedad propuesta por Jacobo Esténs. La luz, las orientaciones y la estructura de este piso familiar en Vigo ya aportan suficiente carácter por sí solas.
Fotografía: Héctor Santos-Díez
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