Materiales honestos, gastronomía de kilómetro cero y una arquitectura integrada en el paisaje definen São Lourenço do Barrocal, un hotel 5* diseñado por Eduardo Souto de Moura que recupera una antigua finca agrícola de 780 hectáreas, entre viñedos, encinas, olivos e incluso un menhir milenario.
El verdadero lujo
Más allá del número de restaurantes, la longitud de la piscina infinity o los metros cuadrados de las suites, el verdadero valor del sector hospitality ya no se debe medir en cifras, sino en aspectos intangibles. Porque hoteles de lujo hay muchos; hoteles con verdadero lujo, muy pocos.
São Lourenço do Barrocal, el proyecto que mostramos en este artículo, forma parte de esa segunda categoría. Situado en la región portuguesa del Alentejo, este hotel 5* de gestión familiar, diseñado por el arquitecto Eduardo Souto de Moura, huye de la ostentación y reivindica una forma de lujo silencioso. Es precisamente ahí donde reside su propuesta de valor: ofrecer a los huéspedes una estancia pausada y profundamente conectada con la historia del lugar y su territorio.
Dicha historia se remonta a 1820, cuando Manuel Mendes Papança estableció la finca y dio comienzo a una etapa de autosuficiencia agrícola. A lo largo del S.XIX, llegó a convertirse en un pequeño pueblo capaz de sostener a 50 familias gracias a la producción de cereales, verduras, vino y ganado. La propiedad permaneció en manos de la familia Papança durante generaciones hasta que, tras la Revolución de los Claveles, fue ocupada y nacionalizada en 1975, provocando la dispersión de la comunidad y el posterior abandono de la finca. Décadas después, la propiedad fue restituida a sus antiguos propietarios y José António Uva, miembro de la octava generación, decidió recuperar el legado familiar y devolver la vida a São Lourenço do Barrocal.
Rehabilitar sin borrar el pasado
Arquitectónicamente hablando, el proyecto parte de una premisa muy clara: rehabilitar sin borrar. El arquitecto portugués Souto de Moura -Premio Pritzker en 2011- decidió conservar la finca prácticamente intacta, interviniendo únicamente para restaurarla y adaptarla a sus nuevos usos. Las siete edificaciones originales mantienen su aspecto y morfología y acogen hoy 40 habitaciones de distintas tipologías, spa, gimnasio, bar, restaurante, tienda de productos locales y almacenes para la conservación del vino y aceite que se produce en la finca.
Aunque la idea inicial del proyecto fuese simple, su ejecución se extendió durante más de 6 años. Más allá de la complejidad estructural y técnica, dicha demora se debe a la sinceridad constructiva que São Lourenço do Barrocal defiende. Dicho concepto se ilustra bien al conocer algunos números del proyecto: Souto de Moura reutilizó un total de 250.000 tejas de industrias locales para rehabilitar los tejados del conjunto, se fabricaron artesanalmente 350.000 piezas de barro cocido pavimentar los suelos, se restauraron los silos, los establos, la antigua almazara que aloja hoy el bar o la calle principal del antiguo pueblo, recuperada utilizando las piedras existentes.
Otro elemento fundamental en la identidad del proyecto son los barrocais, grandes bloques de granito y roca erosionada que dan nombre a la finca y funcionan como testigos naturales del paso del tiempo. La intervención exterior de Souto de Moura busca integrarlas en lugar de imponerse sobre ellas. Un buen ejemplo es la piscina, cuyo diseño acabado en cemento oscuro, se adapta a la posición y a la particular geometría de uno de estos grandes bloques de piedra, convirtiéndolo en parte esencial de la composición.
Materiales naturales y desconexión digital
El interior de las diferentes estancias que ofrece el hotel también han sido cuidadosamente diseñadas. El interiorismo corrió a cargo de AnahoryAlmeida, que trabajó junto a Souto de Moura para trasladar al interior la memoria y el carácter de la finca. Su intervención apostó por el menos es más, evitando incorporar gadgets tecnológicos para que la experiencia sea lo más consciente posible. Para ello se utilizaron materiales naturales como el mortero de cal, aplicado en este caso también en el interior, así como madera natural y artesanía vinculadas a la tradición del Alentejo.
Otros profesionales colaboraron en el proyecto: la arquitecta Joana Astolfi creó un cabinet de curiosités para el restaurante, con objetos y elementos que evocan la memoria natural, cultural y familiar de São Lourenço do Barrocal. A su vez, el proyecto de paisajismo fue realizado por João Gomes da Silva quien preservó el carácter agrícola de la finca, estableciendo una relación natural entre las construcciones, la topografía y las 75 hectáreas de viñedos y olivares que configuran la propiedad.
De la granja a la mesa
Por último, merece la pena una mención especial a la propuesta gastronómica que ofrece São Lourenço do Barrocal ya que está directamente vinculada con el proyecto y la finca. Su filosofía farm to table lleva el Alentejo a la mesa a través de una cocina basada en productos frescos, de temporada y ecológicos, muchos de ellos procedentes de la propia huerta y de la explotación agrícola. El resto llega de pequeños productores locales, reforzando esa conexión con el territorio.

Esta filosofía se extiende también al restaurante Hortelão, situado junto a la huerta ecológica y la piscina, donde las verduras de la finca se cocinan a la brasa y se acompañan de productos como la ternera ecológica de la propia explotación, el cerdo de bellota del Alentejo o el pescado de la laguna de Alqueva. Una propuesta sencilla y estacional que entiende la gastronomía como otra forma de contar la historia del lugar.
Puedes encontrar más información sobre el hotel en este enlace. Fotografía de portada: Ash James.
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