En el corazón de Haro, el Palacio de los Ángeles, una joya del barroco civil del siglo XVII, se transforma en un hotel boutique de cinco estrellas. El proyecto recupera el edificio histórico a través de una intervención arquitectónica y un interiorismo desarrollado por Trenchs Studio, donde la piedra, la madera, el vino y la historia de La Rioja articulan la experiencia de sus futuros huéspedes.
Recuperar un palacio con historia
Cuando un edificio histórico se transforma para albergar nuevos usos, surge una cuestión que se repite con frecuencia: de qué manera adaptar sus espacios a las exigencias actuales conservando el carácter que ha ido ganando a lo largo de los años. En el ámbito hotelero, esta cuestión se vuelve más exigente, porque no basta con preservar el edificio: hay que traducirlo a una experiencia de estancia, pensada para quien lo recorra.
El Palacio de los Ángeles, situado en el centro de Haro, parte de esa condición. Este edificio del siglo XVII, una de las piezas del barroco civil de la ciudad, llevaba décadas en desuso antes de iniciar su transformación hacia un hotel boutique de cinco estrellas. La intervención arquitectónica fue liderada por Inarsa, mientras que Trenchs Studio se encargó de la definición del proyecto de interiorismo y Majestic Hotel Group se apropió de su gestión.
El proyecto recupera la fachada barroca y reorganiza el interior para responder al nuevo programa hotelero. El edificio fue vaciado, manteniendo su envolvente histórica, y se construyó un patio central que articula las circulaciones verticales mediante ascensores y escaleras. Resuelto con piedra y madera, este espacio introduce luz en el interior y conecta las diferentes plantas, convirtiéndose en uno de los principales puntos de encuentro del hotel.
Entre la historia del edificio y la tradición del vino
El interiorismo mantiene una relación constante con la historia del inmueble, aunque introduce una atmósfera más doméstica en los espacios comunes. El lobby se concibe como un gran salón romántico, con techos artesonados de madera oscura, muros de piedra original y zonas de estar organizadas alrededor de una chimenea. Una mesa de anticuario recibe a los huéspedes en el centro del espacio, mientras que las estanterías, los libros y los objetos decorativos acercan el ambiente a la escala de una biblioteca privada.
La tradición vitivinícola de Haro aparece especialmente en el wine-gastro bar y en el calado subterráneo. El wine bar se organiza alrededor de una barra central revestida en madera oscura y una gran bodega perimetral de hierro y vidrio, que permite exhibir y conservar los vinos sin separar por completo este espacio del restaurante. El proyecto incorpora así uno de los principales elementos de la identidad local a la experiencia interior del hotel.
El restaurante continúa la misma narrativa material mediante los techos artesonados, los suelos de piedra natural y una iluminación cálida. Un buffet antiguo restaurado ocupa el centro del espacio, mientras que una chimenea revestida en tonos cobrizos y una colección de cazuelas antiguas remiten a la memoria de las cocinas palaciegas.
Habitaciones, jardín y espacios para el descanso
Las habitaciones trasladan esta misma combinación de materiales a una escala más íntima. Los muros de piedra original conviven con paramentos en tonos neutros, techos de madera oscura y pavimentos de madera natural colocados en espiga. Las habitaciones estándar incorporan textiles naturales, iluminación tenue y pequeños espacios de descanso junto a las ventanas, orientados hacia el casco histórico o el jardín.
Las suites amplían el programa con bañeras exentas de piedra y espacios de baño abiertos, además de camas con dosel metálico en algunas tipologías y zonas de estar con sofás y butacas. Los apartamentos, situados en un edificio anexo, ofrecen una configuración más residencial mediante salas de estar con cocina integrada. La decoración incorpora fotografías en blanco y negro de paisajes de la Rioja Alta para reforzar la relación del hotel con su territorio.
En el exterior, el jardín se percibe como un espacio poco habitual en pleno casco histórico de Haro. La zona de restauración se organiza mediante diferentes rincones con mesas, sillones y bancos acolchados, mientras que un bar exterior revestido en cerámica geométrica funciona como punto de encuentro.
Más allá se sitúa la piscina, y en otra de las antiguas estancias del palacio se desarrolla un spa con conexión visual con una terraza exterior. El conjunto completa una propuesta de hospitalidad que reúne alojamiento, gastronomía, vino y bienestar dentro de un edificio histórico recuperado para un nuevo uso.
Fotografía: Enric Badrinas