En El Tarter, al pie de las pistas de Grandvalira, Sandra Tarruella transforma un semisótano en un restaurante de 181 m² que une tradición pizzera y atmósfera de montaña. Fora Pizza, impulsado por el grupo Lamont, apuesta por un interiorismo cálido, funcional y flexible, concebido para crecer más allá de Andorra.
Arquitectura pensada para el movimiento
El proyecto nace del deseo del grupo Lamont de abrir en Andorra un restaurante más informal y con vocación de crecer. El nombre Fora Pizza surge como un juego de palabras con la expresión “fora pista”, habitual entre los esquiadores, y conecta con la ubicación en la base del remonte de El Tarter. Desde la entrada, equipada con celosías de madera y taquillas para guardar el material de esquí, se perciben de un vistazo los 181 m² del local. A partir de ahí, el interior se organiza en torno al horno y a la cocina vista de acero inoxidable diseñada a medida por Sandra Tarruella Interioristas. A ambos lados se sitúan dos barras: una de bienvenida y otra vinculada a la cocina interior.
De esta manera, la sala se completa con mesas corridas diseñadas a medida y dispuestas en forma de peine. Esta organización, que recuerda a los dientes paralelos de esa figura, permite un servicio ágil y ordenado durante la temporada alta, sin perder calidez ni cercanía. Así, la circulación resulta fluida y cada decisión espacial responde a una lógica de agilidad y convivencia.
Sensibilidad cálida y material
El proyecto se construye a partir de una paleta natural que equilibra rusticidad y sensibilidad. Por un lado, las paredes de cal aportan sobriedad y arraigo. Al mismo tiempo, las lamas de madera en distintos tonos introducen matices cálidos que dialogan con el entorno de montaña. Finalmente, el pavimento de gres artesano aporta textura y memoria, convirtiéndose en la base que ancla visualmente todo el conjunto.
Además, la iluminación se ha planteado para generar cercanía. La luz cálida realza los platos y baña los rostros de los comensales, reforzando la atmósfera acogedora. El mobiliario diseñado a medida por el equipo de Sandra Tarruella y realizado por Fusteria Danés se combina con piezas icónicas de la iluminación contemporánea. Por ejemplo, la TMC de Santa & Cole da la bienvenida en la entrada, la Minitopo de Stilnovo introduce una nota lúdica y la Parentesi de Flos resalta la obra fotográfica de Arnau Giol en el reservado. De este modo, cada elemento aporta carácter sin alterar el equilibrio general.
Detalles que construyen identidad
La tradición pizzera se refleja en gestos sutiles pero significativos. Una de las paredes acoge una instalación de tablas de corte de madera recuperada, evocando las palas tradicionales con las que se manipula la masa en el horno. Estos elementos, lejos de ser decorativos, conectan la experiencia culinaria con la esencia del oficio.
Además, Sandra Tarruella convierte la condición de semisótano en ventaja gracias a la colocación de cajas de luz en las ventanas. Durante el día aportan ritmo a la fachada y, al caer la noche, proyectan hacia el exterior un resplandor cálido que convierte al restaurante en un punto de atracción visible desde la calle. Esa relación con el entorno refuerza la vocación abierta y accesible del proyecto.
Identidad con espíritu alpino
La identidad gráfica del restaurante prolonga las decisiones espaciales y materiales. En este caso, el logotipo y los elementos visuales se inspiran en el zigzag que dibujan los esquís sobre la nieve, un trazo dinámico que se traduce en una doble Z reconocible y contundente.
Por otra parte, la tipografía adquiere un aspecto fundido que remite al queso de la pizza recién salida del horno. Al mismo tiempo, los tonos cálidos elegidos se alinean con la paleta interior, reforzando la coherencia global del proyecto. En conjunto, Sandra Tarruella y su equipo han logrado amplificar la experiencia del comensal y consolidar la identidad de Fora Pizza más allá de su espacio físico.
Fotografía: Clemente Vergara
Fora Pizza. Ctra. del Tarter, 8, AD100 El Tarter, Andorra.
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