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Tendencias

Workplace trends 27/28: así cambia la oficina cuando ir a trabajar deja de ser obligatorio

Workplace trends 27/28: así cambia la oficina cuando ir a trabajar deja de ser obligatorio
Lucía Marín

Lucía Marín

08 septiembre 2026

Cuando trabajar desde cualquier lugar es posible, el valor de la oficina ya no está en ofrecer un escritorio. The New Habitat 27/28, el informe anual impulsado por APE Grupo y elaborado por Futurea, analiza cómo se redefine el espacio de trabajo a través de tres escenarios en los que el bienestar, el rendimiento y la conexión se convierten en prioridades.

Los últimos cinco años han hecho que los espacios de oficina evolucionen más que en los veinte anteriores. El trabajo ha cambiado, y con él la forma de llevarlo a cabo. Una cafetería, el lobby de un hotel, un coworking y hasta el borde de la piscina se convierten en lugares donde alguna vez hemos sacado el portátil y llevado a cabo tareas que antaño requerían una silla y un escritorio. Si la oficina ya no es necesaria para trabajar, ¿para qué merece la pena ir?

Frame del vídeoclip de «Eusexua» de FKA Twigs.

Una solución pasa por ampliar su función más allá de mero contenedor de puestos de trabajo; entenderla como una herramienta con la que construir cultura, facilitar determinadas formas de trabajo y generar experiencias que difícilmente pueden reproducirse desde casa. Además, los datos de The New Habitat 27/28 reflejan un cambio de prioridades. La salud y el bienestar del usuario se sitúan como principal preocupación en el diseño de oficinas (28,4 %), seguidos de la flexibilidad (23,7 %) y la capacidad del espacio para estimular la creatividad (17,8 %). Cuando se pregunta específicamente por la experiencia del empleado, el bienestar físico y mental alcanza el 85,2 % y el diseño flexible, el 71,2 %.

Oficinas de Virgin Media O2. Diseño de Gensler. Fotos de Gareth Gardner.

Como explica Megan Dobstaff, de Gensler, “las personas ya no van a la oficina solo a trabajar, sino a experimentar profesionalidad y pertenencia”. En este contexto, el diseño deja de centrarse únicamente en optimizar metros cuadrados para preguntarse qué condiciones necesitan las personas y las organizaciones para funcionar mejor. Repasamos las claves de este cambio a través de las tres tendencias que identifica The New Habitat 27/28.

Oficinas de Etsy en Dublín, diseñadas por Gensler.

De la calle al escritorio

Una de las principales fricciones del regreso presencial ocurre, paradójicamente, fuera de la propia oficina. El trayecto diario puede implicar una o dos horas de transporte para muchos trabajadores de grandes ciudades, lo que convierte la ubicación, la movilidad y la accesibilidad en factores directamente relacionados con la experiencia laboral. Solo uno de cada diez trabajadores de la generación Z quiere trabajar a tiempo completo en la oficina, según datos recogidos por The New Habitat, y conseguir que el desplazamiento merezca la pena obliga a ampliar considerablemente los límites tradicionales del proyecto de workplace.

La sede Lavazza Nuvola en Turín trasciende el modelo de oficina tradicional al integrar espacios abiertos al público como cafeterías, museo y plazas interiores, favoreciendo la interacción entre empleados, visitantes y comunidad local.

El concepto street-to-seat propone precisamente entender cómo la experiencia de trabajar engloba todo lo que sucede desde que una persona se dirige al trabajo hasta que llega a su escritorio. “La ubicación no es solo una decisión inmobiliaria, sino una estrategia de diseño. La conectividad, el contexto urbano y el acceso influyen directamente en que las personas decidan ir a la oficina”, explica Dobstaff. Elegir una sede próxima a nodos de transporte, facilitar la llegada en bicicleta, incorporar duchas y vestuarios o activar las plantas bajas con cafeterías y servicios pasan a formar parte de la estrategia del espacio de trabajo.

La sede de Le Monde Group en París, diseñada por Snøhetta (2023), integra el edificio en el tejido urbano mediante una planta baja abierta que permite el paso peatonal bajo la estructura. Esta permeabilidad genera espacios intermedios que difuminan el límite entre calle y oficina, ampliando la experiencia laboral desde la ciudad hasta el interior del edificio.
Le Monde Group, París.

Pero facilitar el recorrido no sirve de mucho si al final del mismo espera exactamente aquello que el empleado tiene en casa. La oficina necesita convertirse también en un destino. Según JLL, el 43 % de los empleadores ya organiza eventos especiales para incentivar la asistencia presencial, mientras restaurantes, terrazas, gimnasios, auditorios o espacios culturales amplían progresivamente el programa tradicional del workplace.

Portlantis, diseñado por MVRDV en Róterdam (2024), plantea el edificio como una experiencia secuencial donde el recorrido público forma parte de la arquitectura.

Como señala Francesca Heathcote, de Teresa Sapey + Partners, “la experiencia de trabajo no empieza al cruzar la puerta de la oficina, sino en todo el recorrido previo”. El diseño empieza, por tanto, mucho antes de llegar al puesto.

A través de una narrativa vertical de espacios culturales y expositivos, el edificio Portlantis activa el edificio antes de llegar a las áreas de trabajo.

Diseñar para trabajar mejor

La segunda transformación tiene que ver con la relación entre espacio y rendimiento. Si durante décadas el diseño de oficinas estuvo condicionado por la eficiencia, en términos de cuántos puestos cabían, cómo reducir costes o cómo aprovechar mejor cada metro cuadrado, ahora empieza a vincularse directamente con los objetivos estratégicos de la compañía. “Diseñar una oficina para el éxito implica entender cómo funciona la empresa y qué significa ‘éxito’ en su caso —ya sea vender más, atraer talento o fomentar la presencia—, para que el espacio responda a esos objetivos en lugar de imponer dinámicas genéricas”, explica Heathcote.

JLL Tokio redefine la oficina como infraestructura de alto rendimiento: un espacio diseñado a partir de datos —incluyendo medición cognitiva— que mejora significativamente productividad, bienestar y satisfacción, demostrando cómo el diseño puede impactar directamente en resultados empresariales.

Las empresas parecen dispuestas a invertir en ello. Según una encuesta global de JLL realizada a más de 2.300 líderes corporativos, el 64 % espera aumentar significativamente su plantilla de aquí a 2030, el 54 % prevé ampliar su huella inmobiliaria durante los próximos cinco años y el 60 % planea incrementar el gasto en diseño, fit-out y rehabilitación.

Tea room en la oficina de JLL en Tokio.

La oficina, por tanto, no está desapareciendo: está cambiando la forma en que se mide su valor. Frente al espacio homogéneo aparecen entornos diferenciados para concentración profunda, colaboración, socialización o trabajo informal, acompañados de mejores condiciones acústicas, lumínicas y térmicas y de una tecnología cada vez más integrada.

El campus Bay View de Google se diseña a partir de la investigación sobre ciencias del comportamiento y cognitivas, incorporando principios como la iluminación circadiana y la diversidad de entornos según tareas.

También cambia la manera de comprobar si todo ello funciona. En su nueva oficina de Tokio, JLL recurrió incluso a evaluaciones científicas, incluyendo mediciones mediante EEG de la experiencia cognitiva de los usuarios. Tras el rediseño, la satisfacción general pasó de 58 a 83 puntos y la productividad percibida de 52 a 71, al tiempo que descendía el estrés reportado. Es un ejemplo de una nueva arquitectura del rendimiento en la que, como señala Megan Dobstaff, “atrás quedan los días donde se diseñaba únicamente basándose en lo estético”.

Todo el espacio del campus Bay View se sirve de datos internos sobre cómo trabajan los equipos para optimizar concentración, colaboración y creatividad, alineando arquitectura y rendimiento cognitivo.

La llegada de la inteligencia artificial, que casi nueve de cada diez líderes consultados por JLL cree que transformará el trabajo durante los próximos cinco años, reforzará esta necesidad de crear entornos adaptables capaces de acompañar tareas y dinámicas que todavía están evolucionando.

Volver para estar con otros

Si trabajar puede hacerse desde casa, una de las razones más poderosas para acudir a la oficina sigue siendo algo difícil de digitalizar: estar con otras personas. Marcela Muñoz, de M Moser, resume bien esta aparente contradicción: “las personas acuden hoy a la oficina por dos motivos completamente opuestos. Por un lado, quieren conectar con otros; y por otro, necesitan desconectar de las distracciones y concentrarse de verdad”. Diseñar para ambas necesidades se convierte en uno de los grandes retos del workplace contemporáneo.

La sede europea de Bloomberg en Londres convierte el recorrido en una herramienta de conexión: su icónica rampa helicoidal no sólo articula la circulación, sino que genera encuentros espontáneos entre empleados. Los espacios de transición se diseñan como lugares para detenerse, conversar y compartir, activando la cultura organizativa más allá de las salas de reuniones.

La presencialidad, sin embargo, no garantiza por sí sola la conexión. El 67 % de los trabajadores estadounidenses afirma experimentar aislamiento o soledad en el trabajo, según Ringover, mientras que el 49 % declara no disponer en su oficina de espacios informales donde cambiar de ritmo o recargar energía, según Steelcase. La respuesta pasa por mirar más allá de las salas de reuniones y prestar atención a esos lugares aparentemente secundarios donde se construye buena parte de la cultura de una organización: una conversación junto al café, un encuentro en una escalera, una comida compartida o unos minutos en un sofá entre reuniones.

El estudio Teresa Sapey + Partners transforma un pasillo de la sede de Gancedo en Madrid, en un espacio sensorial y emocionalmente activado, donde el color, la luz y la secuencia espacial convierten un lugar residual en oportunidad de interacción. Un ejemplo de cómo el diseño de los “espacios intermedios” puede fomentar encuentros informales y dinamizar las relaciones dentro del entorno laboral.

El diseño empieza así a tomar prestados códigos de la hospitalidad. Materiales cálidos, iluminación de estética doméstica, cocinas, mesas compartidas, pequeños lounges o zonas de descanso sustituyen parte de la rigidez tradicional del entorno corporativo. “Los espacios de trabajo ya no son simplemente oficinas. Están evolucionando hacia entornos inspirados en la hospitalidad, donde la calidez, el detalle y la atmósfera ayudan a que las personas se sientan acogidas y conectadas”, explica Muñoz. Y el proyecto tampoco termina cuando se entrega el interiorismo: agendas culturales, comidas, eventos y rituales internos pasan a formar parte de una programación destinada a activar realmente esos espacios.

Gancedo Madrid diseñado por Teresa Sapey + Partners.

Una oficina a la que valga la pena ir

Las tres tendencias identificadas por The New Habitat 27/28 apuntan hacia una misma transformación: si acudir a la oficina ya no se da por hecho, el espacio debe ofrecer aquello que trabajar desde casa difícilmente puede proporcionar, desde mejores condiciones para determinadas tareas hasta encuentros, aprendizaje y sentido de pertenencia. La oficina pierde así su condición de lugar obligatorio, pero gana una nueva responsabilidad: hacer que el desplazamiento merezca la pena.

El complejo de uso mixto de Niemeyer en Groninga utiliza un código de colores para destacar las principales zonas funcionales, como las escaleras y los puntos de encuentro social.

La sexta entrega del informe de The New Habitat es una iniciativa de APE Grupo elaborada por Futurea que se ha convertido en lectura obligatoria para arquitectos y diseñadores que quieren conocer el futuro de los espacios. Puedes descargarla en este enlace.

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