El hogar se transforma en el epicentro de nuestras vidas. Entre la autosuficiencia energética, la vida en solitario y la búsqueda de bienestar emocional, las viviendas del futuro apuestan por flexibilidad, resiliencia y belleza honesta.
“El diseño ya no puede limitarse a crear objetos bonitos: necesitamos diseñar marcos, políticas y sistemas que respondan a la complejidad del mundo real”, advierte el estratega Simon Caspersen. La frase no es un eslogan: describe el giro hacia el que vira la vivienda. El hogar ha dejado de ser un decorado para convertirse en infraestructura vital. En un contexto donde el ocio se replega hacia lo doméstico, los alquileres se tensan (en Madrid o Barcelona ya se alquilan microhabitaciones de 8 m² por 520 € al mes) y la incertidumbre empuja a priorizar bienestar y durabilidad, la casa se reconfigura.
El informe The New Habitat 26/27 dibuja el nuevo mapa que guiará a diseñadores y arquitectos en la búsqueda de un diseño más humano, sostenible y responsable de la vivienda.
Vida híper doméstica: el hogar como ecosistema
“El hogar ya no es solo un espacio físico: es emoción, comunidad y pertenencia”, apunta Caspersen. La arquitecta Fernanda Patiño (Sordo Madaleno) lo aterriza: “Es oficina, gimnasio, sala de entretenimiento y espacio emocional”. La casa absorbe todas aquellas actividades que antaño realizabamos fuera del hogar (ya sea trabajar, entrenar o actividades relacionadas con el ocio) y se convierte en el epicentro de la rutina. No es casualidad: el 31 % de consumidores globales prevé gastar menos en 2025 y recorta salidas; mientras, las búsquedas de «organizar cena en casa» se disparan en Pinterest (desde el tea parties al puro estilo “Bridgerton” a cenas con decoraciones dignas de un restaurante). Lo que ocurre fuera (inflación, cansancio urbano, salud mental) reorganiza lo que pedimos dentro: calma, sentido y control.
La consecuencia directa es espacial. El comedor, relegado durante años, reaparece como sala de encuentro: cocinar con amigos, jugar con los hijos (el 51 % de padres declara pasar más tiempo de juego que antes) o proyectar una película. La mesa vuelve a ser ágora. A su alrededor, crece la “hobbyficación” doméstica: barras de cocktelería, talleres de bricolaje, estudios de arte, setups de gaming. No es un capricho estético: es diseño como infraestructura de vida.
También entra en juego una nueva gramática de la flexibilidad. Luis G. Pachón (Studio Pachón-Paredes) propone la “sostenibilidad espacial”: más allá de materiales eficientes, espacios que cambian sin obras, sin funciones preasignadas, que permiten programar el día a día como una plaza doméstica. Zonas neutras, mobiliario transformable, límites blandos entre estancias y estrategias pasivas (luz, ventilación, inercia térmica) para que la casa trabaje a favor del confort con menos energía. Es el punto en el que lo funcional y lo emocional se encuentran: un lugar donde suceden cosas y, al salir, uno se siente mejor que al entrar.
Living solo: diseñar para vidas no lineales
El hogar estándar sigue pensado para la familia nuclear… y, sin embargo, la realidad va por otro lado. “Divorcios, custodias compartidas, roommates, vivir solo… exigen modelos más dinámicos e inclusivos”, recuerda Caspersen. Euromonitor confirma que las viviendas unipersonales son el formato que más crece. A ello se suma el envejecimiento (en 2030, 1 de cada 6 personas tendrá más de 60 años), fenómenos culturales como el movimiento 4B en Corea, o el regreso del Living Apart Together: parejas estables que no conviven bajo el mismo techo. Incluso dentro de casa cambian los pactos: el “divorcio para dormir”, es decir, habitaciones separadas donde poder descansar, ya lo practica el 43 % de millennials en EE. UU.
Diseñar para vivir solo no significa hacer “minipisos”. Significa aceptar que la vida no es lineal, sino fragmentaria, móvil y escalable. La vivienda no-binaria (otra vez Pachón-Paredes) ofrece una pista: menos pasillos de funciones rígidas y más superficies programables que se densifican o dilatan según el momento. En términos de producto, esto pide muebles con varios “roles”: mesa que es banco y consolas eléctricas integradas; paneles correderos que son cabecero, estantería y acústica; cocinas que se abren o se disuelven, y un mix de privacidad/convivencia bien calibrado: estancias que permiten estar acompañado sin estar expuesto.
El dato económico tampoco es menor: el “impuesto del soltero” (no compartir gastos) puede sumar miles de euros al año; por eso, aumentar la utilidad por metro cuadrado es tan social como estético. Inspirarse en tipologías que históricamente resolvieron mucho en poco, como la náutica, por ejemplo, el camping o las autocaravanas, y aplicar soluciones de alta precisión (modulación, almacenaje bien pensado, herrajes invisibles, detalles táctiles) permite que 45 m² se sientan como 65 m²… y que esa casa “crezca” o “encoja” al ritmo de la vida.
Arquitectura de supervivencia: resiliencia cotidiana
Incendios en todo el norte peninsular, la DANA en València: el clima extremo ya no es una probabilidad, es presente. “La naturaleza no se controla: se respeta y se anticipa”, dice Patiño. De nuevo, Caspersen introduce la palabra clave: autosuficiencia. Cultivar, generar, recolectar…
La macroeconomía lo avala: cada hora, la crisis climática causa millones en daños. La otra cara de la moneda (valga la redundancia): cada dólar invertido en infraestructuras resilientes devuelve cuatro. A escala vivienda, la hoja de ruta es clara: sistemas solares y baterías domésticas que garanticen autonomía de base; captación y filtrado de agua de lluvia; materiales ignífugos y detalles low-tech para mejorar la respuesta ante calor o inundación. La “construcción offsite” gana tracción al reducir errores y tiempos; Zaragoza ya la ensaya en dotacionales.
Pero la mayor innovación quizá sea cultural: la “sostenibilidad espacial”, de nuevo. Si el clima nos obliga a usar menos y mejor, la casa debe evitar reformas recurrentes. Diseños polivalentes, capas desmontables, infraestructuras (estructura e instalaciones) sobredimensionadas y durables, y capas interiores más ligeras y cambiantes. El resultado no renuncia a la belleza: cultiva una estética serena, material y sensorial que nos recuerda que proteger también puede ser placentero.
Un hogar más justo (y más nuestro)
“Los compradores están adoptando ‘lo atemporal por encima de lo moderno’”, apunta la diseñadora Kathy Kuo. No es nostalgia, es pragmatismo con alma: invertir en piezas que envejecen bien, personalizar con intención, elegir materiales con relato y mantenimiento asequible. A la vez, el sector envía señales: casi un tercio de profesionales prioriza ya plantas desjerarquizadas, los clientes asumen sobrecostes sostenibles sin mover una ceja, y la conversación ha escalado del dónde pongo el sofá a cómo quiero vivir.
Si algo comparten las tres tendencias que plantea el informe The New Habitat 26/27 es una misma ambición: que la vivienda responda a vidas reales, con la misma inteligencia con la que responde a los metros. Diseñar hogares que cuidan, que se transforman, que resisten. Hogares que, sin ruido, nos devuelven algo esencial: la capacidad de habitar el presente.
Descarga el informe completo en la web de APE Grupo.
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