El informe The New Habitat 26/27 dibuja un futuro en el que las oficinas dejan de ser meros contenedores para convertirse en espacios que cuidan, inspiran y conectan con la ciudad.
El trabajo ha cambiado para siempre. La pandemia supuso el inicio de una revolución que se ha ido desarrollando ante nuestros ojos en los últimos años. Han aparecido nuevos términos y necesidades, y los trabajadores y trabajadoras tienen muy claro lo que esperan de una oficina. Con fenómenos como el quiet quitting y la irrupción de la Generación Z en el mercado laboral, las oficinas ya no se diseñan como simples contenedores de actividad. Hoy, los percibimos como herramientas estratégicas capaces de impulsar (o hundir) la motivación, la productividad y el sentido de pertenencia de los equipos.
Las cifras lo confirman: cuando los empleados disfrutan de su espacio de trabajo, su compromiso con la empresa aumenta un 33 %, su conexión con la cultura organizacional crece un 30 % y su productividad mejora en un 9 % (Steelcase). En otras palabras, la felicidad en el entorno laboral ya no es un extra: es un KPI con impacto directo en los resultados.
Con esta premisa arranca el bloque de oficinas de The New Habitat 26/27 (APE Grupo, Futurea) que anticipa tres grandes direcciones en el diseño de espacios corporativos. Repasamos las claves más importantes de las tendencias para el futuro que se han detectado en este espacio vital.
1- The Workshop Lab: un nuevo laboratorio de colaboración
Colaborar se ha convertido en la palabra mágica del trabajo contemporáneo. Sin embargo, no basta con la actitud: hacen falta herramientas y entornos preparados para que la interacción fluya de forma natural. Y aquí entra en juego el modelo de Workshop Lab, un concepto que propone oficinas modulables e híbridas, capaces de acoger desde talleres creativos hasta encuentros multidisciplinares en los que lo físico y lo digital conviven en igualdad de condiciones.
El reto es evidente. Según Zendesk, siete de cada diez empleados valoran positivamente la colaboración en el lugar de trabajo, pero solo uno de cada diez siente que esto sucede realmente. La brecha está en los espacios y procesos: salas mal equipadas, handoffs ineficaces, herramientas que no se integran. De hecho, en la construcción, una comunicación deficiente puede encarecer los proyectos hasta un 20 % (PlanRadar 2023).
Créditos: Javier de Paz García.
Frente a este panorama, los Workshop Labs buscan reducir fricciones y habilitar flujos de información más claros. Tecnología inmersiva, pizarras digitales, mobiliario adaptable y áreas de socialización espontánea se combinan para hacer de la colaboración una experiencia menos forzada y más orgánica. Jenny Carroll, de Steelcase, lo resume: “Los espacios deben habilitar el trabajo de las personas, no actuar como una barrera”.
No es cuestión de diseñar salas de reuniones más bonitas, sino de convertirlas en catalizadores de conexión que fortalezcan la cultura de equipo.
2- Recuperar la concentración: del ruido al foco
El péndulo que en los 2000 se inclinó hacia la oficina abierta está mostrando ahora sus límites. Lo que nació como un modelo para potenciar la interacción ha derivado en ruido constante, interrupciones y pérdida de bienestar. Un estudio demuestra que este tipo de entornos puede reducir el bienestar de los empleados en un 32 % y su productividad en un 15 % (Researchgate).
Tras la experiencia del teletrabajo, muchos empleados encontraron en el hogar un refugio de concentración que la oficina tradicional ya no ofrece. Volver a la presencialidad sin repensar el diseño supone, en muchos casos, un riesgo de fuga de talento.
La solución pasa por un cambio de paradigma: la oficina no puede ser solo lugar de encuentro; debe volver a ser un entorno donde también se pueda pensar en silencio. Esto implica incorporar salas más pequeñas, microespacios para trabajo individual, bibliotecas silenciosas o mesas largas de “body doubling” —una técnica que mejora la concentración a través de la presencia compartida sin interacción directa—.
En paralelo, estrategias como el control acústico, la creación de microzonas y la iluminación dirigida ayudan a recuperar la privacidad sin sacrificar la colaboración. Como apunta el informe, diseñar oficinas de futuro significa reconocer que la concentración es tan estratégica como la interacción.
3- Workplace ecosystem: la oficina como ciudad
La tercera gran tendencia va más allá de los muros de la oficina. El informe propone el concepto de workplace ecosystem, que entiende el espacio de trabajo como parte de un entramado urbano más amplio. La oficina deja de ser un lugar aislado y se convierte en un organismo vivo que se conecta con viviendas, cafés, plazas y servicios culturales del entorno.
En este sentido, la idea del workhood —vecindarios donde se entrelazan vida, ocio y trabajo en un radio de 15 minutos— gana protagonismo. El espacio laboral se mide según su capacidad de integrarse en la ciudad y de ofrecer acceso a experiencias diversas. Según Gensler, quienes trabajan en edificios bien integrados disfrutan hasta tres veces más de entornos que favorecen el bienestar y la creatividad.
Esto significa que la oficina del futuro no solo debe inspirar puertas adentro, sino también contribuir al equilibrio urbano: reducir desplazamientos, impulsar economías locales, abrirse como un catalizador cultural. Una oficina que, más que un lugar al que ir, se convierta en una red de lugares donde vivir el trabajo.
Foto de portada: Oficina de la marca suiza de zapatillas On, diseñada por Specific Generic. Fotografia: Mikael Olsson. Para descargar el informe completo pincha aquí
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