La nueva sede de la Colección ES se despliega en un local de 600 m² reformado por Carbajo Hermanos en el centro de Santander. El estudio articula un paisaje interior donde arte, trabajo y vida social se entrelazan a través de una rigurosa geometría cartesiana, una paleta contenida y una secuencia de aperturas que deja entrever la naturaleza del proyecto.
Cartografiar el espacio desde la calma
El proyecto nace de una premisa clara: ordenar un lugar complejo mediante una planta basada en ejes cartesianos. Además, esta estructura rinde homenaje al trasfondo matemático del coleccionista, propietario del espacio, y facilita una lectura limpia del conjunto. Las líneas se cruzan con naturalidad y generan estancias que, aunque diversas, mantienen una continuidad. Por ello, cada tramo del recorrido parece avanzar con serenidad, como si el espacio respirara a un ritmo propio.
Así, la galería se convierte en un escenario donde las obras conviven con zonas de trabajo y áreas domésticas. El blanco domina y aporta una luz homogénea que unifica todo. También aparecen matices puntuales, como el gris del suelo, el rosa de los marcos o el azul claro del mobiliario, que introducen un registro más íntimo vinculado a la memoria de Andrea y Galo Carbajo, hermanos al frente del estudio, y a la sensibilidad del propio coleccionista.
Aperturas que ordenan el recorrido
El proyecto introduce un sistema de mamparas cuadradas de vidrio enmarcadas en rosa que actúa como guía del recorrido. Además de ordenar la planta, estas aperturas permiten atravesar visualmente zonas que, en otros contextos, permanecerían ocultas. De este modo, la cocina, el baño privado o el almacén se integran como partes visibles de un mismo conjunto.
Sin embargo, esa transparencia no invade. Enmarca escenas cotidianas como si fueran pequeñas fotografías en movimiento. Así, acciones tan simples como preparar un café, hojear un libro o clasificar una obra quedan situadas en un territorio intermedio entre lo doméstico y lo expositivo. Por su parte, las mamparas no buscan mostrarlo todo: regulan la distancia justa para que la intimidad y la claridad visual convivan sin fricciones. Además, su repetición establece una cadencia espacial que acompasa el ritmo del recorrido, haciendo que el visitante intuya un orden antes de llegar a reconocerlo.
Una atmósfera que escucha al arte
La paleta cromática responde a un criterio más emocional que decorativo. Así, Carbajo Hermanos recurre a colores que remiten a su infancia en Santander. El blanco, omnipresente, se abre a cielos interiores donde la luz se posa sin estridencias. Por otro lado, el suelo gris aporta un contrapunto suave que fija la mirada a la altura precisa para observar las obras.
Además, en algunas estancias menores, los techos de madera de abedul introducen una calidez inesperada. Ese tono natural otorga una escala más humana a las zonas de descanso o trabajo, reforzando la idea de que la colección no es solo un conjunto de piezas, sino un lugar para relacionarse. Sin embargo, nada se impone. Todo está calibrado para que el arte conserve el protagonismo.
Un lugar para convivir con el arte
Esta nueva galería de arte funciona como un territorio híbrido en el que las reuniones, el trabajo diario y la contemplación comparten una misma lógica espacial. Además, esta convivencia ocurre sin forzar usos ni jerarquías, lo que convierte al proyecto en una extensión natural del modo en que el coleccionista se relaciona con su entorno. Por ello, los arquitectos hablan de un espacio sereno y deliberado, donde cada decisión mantiene su sentido.
Aquí, esa experiencia se amplía y toma una forma práctica, pensada para ser vivida día a día. De este modo, al recorrer el espacio, se entiende que la arquitectura acompaña al arte y construye un marco estable para que la vida ocurra dentro de él.
Fotografía: José Hevia
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