En el barrio de Embajadores de Madrid, MOME Estudio ha recuperado la estructura original de un edificio de los años 60 para construir un volumen curvo de madera oscura que envuelve los pilares existentes. A su alrededor, la vivienda prescinde de pasillos y se organiza como un único recorrido entre sus estancias.
Una casa en Madrid que reivindica su origen mid-century
Casi siempre, las viviendas construidas en Madrid durante los años 60 esconden algo interesante bajo sus últimas reformas. Con el paso del tiempo, sus estructuras originales quedaron enterradas bajo tabiques, falsos techos e intervenciones sucesivas que rara vez las tuvieron en cuenta. Recuperar esa estructura y ponerla de nuevo al servicio del espacio no es lo más frecuente, aunque cada vez más estudios apuestan por ello como punto de partida.
En esta vivienda de 95 metros cuadrados en el barrio de Embajadores de Madrid, MOME Estudio parte precisamente de ahí. La planta, de proporción casi cuadrada, conserva una retícula ortogonal muy clara de pilares y vigas que había quedado oculta tras años de compartimentación. En lugar de disimularla, el estudio ha liberado la planta casi por completo. De esta forma, esa estructura vuelve a ser legible y el perímetro funciona como un marco neutro sobre el que construir una manera distinta de habitar la casa.
Una curva que nace de cuatro pilares
En el centro de la vivienda, aparece un gran volumen de madera y geometría curva que envuelve los cuatro pilares interiores. Sus esquinas redondeadas no responden a una voluntad estética previa, sino a una necesidad muy concreta: absorber esos elementos estructurales sin que se conviertan en un obstáculo dentro del recorrido. Además, sus curvas siguen una modulación de 60 centímetros, el mismo ancho de las piezas de almacenaje que, colocadas una junto a otra, van dibujando ese giro.
El resultado es una vivienda sin pasillos convencionales. Cocina, comedor y office se abren en la zona de acceso como un espacio continuo, mientras el recorrido avanza alrededor del volumen hacia zonas cada vez más íntimas, hasta desembocar en el dormitorio principal. Así pues, la transición entre lo común y lo privado no depende de puertas, sino de la posición de cada estancia respecto a ese centro.
Madera oscura frente a un fondo neutro
La paleta material refuerza ese contraste entre fondo y forma. Mientras el perímetro se mantiene neutro, con paredes en tonos arena y pavimentos de madera clara, el volumen central está revestido en madera oscura y se presenta como una pieza autónoma dentro de la planta. Es esa combinación entre líneas limpias y maderas nobles la que refuerza el carácter mid-century de esta casa en Madrid.
En la cocina, el granito marcado dialoga con los frentes oscuros, aportando una textura más mineral al conjunto. Por su parte, en el aseo, un alicatado vertical en terracota introduce el único contrapunto cromático de la casa, acompañado de un lavabo cilíndrico exento y grifería negra empotrada.
Diferentes alturas marcan el recorrido
La altura del falso techo participa también de esta narrativa. En el acceso, baja de altura, mientras que las estancias principales recuperan una escala más generosa, intensificando la sensación de movimiento alrededor del volumen central. Además, la orientación sureste aporta luz directa a cocina y comedor y la fachada noroeste tamiza la del salón, de forma que la luz interior va cambiando a lo largo del día.
Así pues, MOME Estudio demuestra que una sola pieza puede resolver estructura, almacenaje, circulación y programa a la vez. La rigidez heredada de la arquitectura residencial de los años 60 y la geometría curva que se introduce en su interior terminan conviviendo con naturalidad. Y es precisamente en ese contraste donde la vivienda encuentra su carácter.
Fotografía: Hiperfocal
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