Entre el Cantábrico y los Picos de Europa, la Residencia PQ se despliega como una casa donde la arquitectura se funde con el paisaje. Este proyecto de Trenchs Studio responde a un encargo familiar con vocación de permanencia: crear un lugar sereno, íntimo y abierto a la vez, enraizado en la memoria rural e integrado con su entorno.
Arquitectura que se mimetiza con la ladera
La vivienda se sitúa en Lamadrid, una aldea de casonas dispersas entre prados y tejados de barro cocido en Cantabria. En este contexto, Trenchs Studio plantea una construcción de 390 m² que parece brotar del terreno. Para lograrlo, la planta inferior se entierra parcialmente, generando la percepción de una casa de una sola altura que se integra con naturalidad en la ladera.
La estética del volumen es sencilla: fachada de estuco de cal en tonos tierra, cubierta de teja recuperada y muros de piedra local que enlazan con la tradición constructiva. No obstante, esa simplicidad exterior contrasta con una distribución pensada para abrir la vida interior al entorno natural. Las estancias comunes miran al mar y a la montaña, de modo que cada perspectiva se convierte en parte de la forma de habitar.
Además, el salón-comedor ocupa el centro de la casa como una caja transparente abierta a los porches. Por su parte, una chimenea de obra articula el espacio bajo la cubierta de dos aguas y estructura de roble, acentuando la idea del estudio catalán de materializar un hogar cálido frente al cambiante paisaje del norte.
Interiorismo en clave de serenidad
En el interior, Trenchs Studio ha proyectado una atmósfera que oscila entre lo rústico y lo contemporáneo. Las superficies neutras de estuco y tadelakt beige envuelven las estancias en una base homogénea que cede protagonismo a los muebles y a la luz. Por otra parte, los pavimentos alternan tarima de roble y piedra abujardada, prolongando la continuidad con el exterior.
El mobiliario, de líneas depuradas y carácter atemporal, dialoga con materiales nobles como el nogal, el cuero tostado o el mármol. Esta combinación genera contrastes sutiles que refuerzan la calma buscada. Así, cada estancia se lee como un marco neutro para el paisaje, pero también como un lugar íntimo que invita a la convivencia. En este sentido, piezas seleccionadas por Lifra Contract by Idees contribuyen a consolidar esa atmósfera serena y atemporal que caracteriza a la vivienda.
En la cocina, concebida junto al propietario, chef de profesión, la funcionalidad se eleva a un plano casi ceremonial. Encimeras de cuarcita, muebles a medida y un salpicadero de azulejos artesanales equilibran el rigor técnico con una sensibilidad doméstica. Aquí, el oficio culinario se funde con la arquitectura, reforzando la identidad de la casa como espacio de encuentro y reunión.
Vistas, recorridos y umbrales
La distribución propuesta por Trenchs Studio se ajusta a la pendiente del terreno y al juego de orientaciones. Mientras el salón se abre hacia el mar, el comedor se alza en una posición ligeramente superior para dominar el porche sur y la piscina, más resguardada del viento. Además, los dormitorios principales, el estudio y la cocina se recogen en los laterales, evocando la privacidad propia de las viviendas rurales cántabras.
Asimismo, la planta inferior alberga el garaje, los dormitorios infantiles y una sala común que se abre directamente al jardín. Esta conexión fluida con el terreno refuerza la idea de continuidad entre lo construido y lo natural. Incluso los porches y terrazas funcionan como transiciones suaves, prolongaciones habitables que borran los límites entre interior y exterior.
Materialidad que pertenece al lugar
En todo el proyecto, la elección de materiales se guía por una lógica de integración con el paisaje. El mortero de cal, la piedra local y la teja envejecida anclan la arquitectura en el territorio. En el interior, la madera de roble y las vigas pintadas en tonos suaves componen un telón de fondo cálido y sobrio.
Por último, los exteriores se han trabajado con especies autóctonas como romero, mirto y laurel, reforzando la conexión con el entorno. El resultado es una vivienda discreta que pertenece al paisaje cántabro y lo acompaña; lo enmarca y lo pone en valor a través de la arquitectura y de su forma de habitar.
Fotografía: Enric Badrinas
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