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Casas

Una vivienda sin pasillos que redefine la vida doméstica en la Sierra de Madrid

Una vivienda sin pasillos que redefine la vida doméstica en la Sierra de Madrid

En Moralzarzal, en la Sierra de Madrid, una vivienda de 260 m² diseñada por Bate.Work explora una forma de habitar sin compartimentaciones rígidas. Dos geometrías, espacios continuos y luz natural organizan un interior pensado para cambiar con el uso y el tiempo.

Un cambio en la forma de habitar

La vivienda contemporánea ha ido reduciendo la necesidad de espacios cerrados y pasillos largos. Cada vez se busca más continuidad, flexibilidad y relación entre usos. Las casas ya no son una suma de habitaciones independientes. La organización interior se adapta a los hábitos diarios y las funciones se mezclan con naturalidad. Cocinar, trabajar o reunirse pueden compartir espacio sin necesidad de separaciones estrictas. Empieza a verse un nuevo concepto donde el hogar se entiende como un sistema abierto que evoluciona con quien lo habita.

En Moralzarzal, en un entorno de la Sierra de Madrid, donde el paisaje tiene presencia constante, Bate.Work plantea una vivienda con los límites físicos interiores reducidos al mínimo. El estudio, dirigido por José Antonio Miguel y Álvaro Carroquino, junto a la diseñadora Ana Manuela Mejía proyectan este espacio con la idea de que pueda cambiar con el tiempo sin necesidad de grandes transformaciones.

Las estancias se relacionan entre sí mediante visuales abiertas y cambios de nivel, y la circulación forma parte del propio espacio habitable. No hay un recorrido único ni una clasificación clara entre zonas. Cada punto de la casa se conecta con varios espacios a la vez, generando una experiencia doméstica más rica y menos predecible. El proyecto ha sido desarrollado como un ejercicio donde la vivienda se convierte en una extensión directa de las inquietudes creativas y personales de sus habitantes.

Dos geometrías para construir una casa abierta

El proyecto parte de una composición sencilla pero a la vez, cargada de referencias. Una base circular sostiene un volumen superior prismático con cubierta a dos aguas. Esta combinación remite directamente a las teorías postmodernistas de Robert Venturi y Scott Brown, y en particular a la Casa Pato, donde la ornamentación y el simbolismo arquitectónico se ponen de manifiesto de forma explícita.

La cubierta a dos aguas es una representación simbólica del hogar, una silueta que grita «casa» mientras esconde en su interior una lógica espacial completamente contemporánea. La planta circular maximiza la superficie de jardín al liberar el perímetro de la parcela. El jardín rodea toda la vivienda sin interrupciones, reforzando la conexión directa con el paisaje de la Sierra.

En el interior no hay pasillos ni puertas que fragmenten el uso. El espacio se organiza a través de plataformas y pequeños desniveles que diferencian zonas sin tener que cerrarlas. Las áreas se reconocen por su posición y su relación con la luz. La circulación es libre y no jerárquica: se puede recorrer la casa sin seguir un único itinerario, con cada punto conectado a varios espacios a la vez.

Materialidad, uso y transformación del espacio

Los materiales se mantienen en una gama neutra y contenida. Superficies continuas, tonos suaves y texturas naturales unifican el conjunto sin competir con el uso cotidiano. Para la construcción se eligieron materiales coherentes con el entorno y la normativa local, cediendo el protagonismo a los objetos y funciones que los habitantes incorporan con el tiempo.

El mobiliario es un elemento móvil, sin función fija, reorganizable según las necesidades del momento. En este sentido, Casa Lola se inspira de la arquitectura japonesa y del aprovechamiento exhaustivo del espacio interior: sin una distribución rígida, la vivienda se adapta a quien la habita.

La luz tiene un papel estructural en la experiencia del interior. Marca los cambios de nivel y refuerza las relaciones entre estancias. A lo largo del día, el espacio se percibe de manera distinta sin modificaciones físicas. Su estructura admite adaptaciones futuras sin alterar su lógica inicial, un hogar vivo que acompaña distintos momentos de vida conservando la coherencia.

Fotografía: Borja Llobregat

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