En el centro histórico de Alcàsser, Endalt Arquitectes y Josep Eixerés han convertido una antigua casa de pueblo de 1930 en el nuevo hogar de una pareja formada por una pianista y un violinista. El proyecto reinterpreta la arquitectura tradicional valenciana a través de materiales puros, luz cenital y una distribución que entrelaza la rutina familiar con la pasión por la música.
Respetar el pasado y aprender de su tradición
Construir en cualquier centro histórico de pueblo implica asumir un compromiso firme con su pasado. Las viviendas tradicionales valencianas poseen un valor singular, arraigado a los oficios locales, al clima de la comarca y a unos materiales que definen la memoria colectiva. Por eso, cuando se plantea la renovación de una antigua casa, aunque estuviera en desuso, el verdadero reto consiste en entender cómo actualizarla sin borrar la herencia del lugar.
La propuesta de Endalt Arquitectes y Josep Eixerés en Alcàsser esquiva la recreación literal para rescatar las soluciones de la arquitectura popular. Así, el proyecto recupera aquel antiguo savoir-faire de las casas de pueblo tradicionales, donde las zonas de trabajo y las familiares compartían el mismo techo de manera armónica. La necesidad de la pareja, una pianista y un violinista, de ensayar, enseñar y convivir se resuelve integrando el estudio de música junto al acceso principal, permitiendo recibir alumnos sin comprometer la intimidad de las estancias privadas.
Una distribución articulada por el patio exterior
La parcela se dibuja sobre un terreno alargado y complejo, condicionado por la ausencia de ángulos rectos en sus medianeras. Por ello, los arquitectos desplazaron las líneas oblicuas hacia los pasillos, permitiendo que las estancias principales disfruten de una geometría ortogonal y funcional. El patio asume esa irregularidad del solar y se presenta como el eje principal de la casa, una pequeña plaza que distribuye la luz y organiza los recorridos.
Además, la combinación de texturas en sus muros, donde conviven la mampostería de piedra recuperada, los revocos de cal y los azulejos vidriados terracota, aporta una riqueza visual muy conectada con el territorio. Por su parte, una pasarela curva de rejilla metálica vuela sobre este vacío, comunicando las habitaciones del nivel superior con ligereza. En el interior, el salón, el comedor y la cocina se vuelcan hacia esta apertura, logrando que esta zona exterior funcione como una estancia más.
Madera, cerámica y acústica
El diseño interior de esta casa de pueblo se define mediante una paleta material sencilla y sincera, pensada para envejecer con dignidad. En la zona de día, los techos exhiben un forjado clásico de bovedillas cerámicas vistas, cruzado por conductos de ventilación en acero galvanizado que añaden una sutil capa actual.
Por otra parte, los niveles superiores introducen estructuras de viguetas de madera noble, aportando una atmósfera cálida que invita al descanso. Esta elección en la última planta responde también a una necesidad acústica fundamental para la estancia que alberga el piano de cola.
Sin embargo, la sobriedad general del proyecto se permite pequeñas licencias decorativas cargadas de afecto e historia personal. Un azulejo hidráulico con dibujos azules anuncia el inicio de la escalera mientras rescata un fragmento del pasado de los propietarios. La mesa de madera de Caravasar Home, las sillas tradicionales y las lámparas de arcilla de Hannun terminan de dar forma a un hogar sereno y acogedor. En definitiva, esta casa de pueblo prefiere fundirse con el paisaje y la impronta de Alcàsser para demostrar que la mejor arquitectura es aquella que sabe acompañar el paso del tiempo.
Fotografía: David Zarzoso
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