En la Sierra de Gúdar, en Teruel, Valdivieso Arquitectos amplía una vivienda rural con un pabellón anexo que actúa como dispositivo climático, conectando tradición y contemporaneidad a través de la luz, el paisaje y la eficiencia energética.
Refugio como dispositivo climático
Enclavado a 1.400 metros de altitud, el pequeño pueblo de la sierra turolense de Gúdar vive marcado por un clima de montaña extremo: inviernos largos y nevados, veranos secos y grandes oscilaciones térmicas que condicionan tanto la vida cotidiana como la arquitectura. En este entorno, las construcciones tradicionales se adaptan al paisaje con soluciones sencillas y robustas, pensadas para protegerse del frío y aprovechar al máximo el sol.
Allí, los arquitectos Ángel y Alejandro Valdivieso proyectan la ampliación de una vivienda rural con el objetivo de extender su zona pública y crear un espacio vinculado a la caza. El nuevo volumen, rotundo y abstracto, se orienta al sur y al este para maximizar la captación solar en los meses fríos y optimizar el comportamiento térmico. Conectado a la casa original desde la meseta intermedia de la escalera norte, el pabellón se eleva parcialmente para formar un porche semienterrado que protege del viento y refuerza la relación interior-exterior. La interacción entre ambos cuerpos, descritos como “cuerpos hermanos”, acentúa el contraste entre lo existente y lo contemporáneo y establece un diálogo directo con el paisaje.
Construcción y organización interna
La estrategia constructiva responde a criterios de eficiencia, sostenibilidad y precisión. Con excepción de la cimentación y la “bañera” de hormigón armado que contiene el porche, el pabellón se ejecuta mediante sistemas en seco. La envolvente estructural está compuesta por paneles de madera contralaminada (CLT) prefabricados en taller, vistos en el interior y revestidos al exterior con chapa perfilada termolacada sobre un sistema continuo de aislamiento térmico.
Interiormente, la organización gira en torno a una estufa de leña central, generando un espacio heterotérmico inspirado en tipologías termodinámicas tradicionales. Un altillo parcial refuerza la verticalidad y actúa como observatorio, mientras que la pasarela de conexión entre ambos cuerpos enfatiza la sensación de altura y compresión espacial. El pabellón combina madera, metal y vidrio con criterios tanto funcionales como estéticos, dando lugar a una envolvente contemporánea que equilibra durabilidad, eficiencia y ligereza.
Diálogo entre interior y paisaje
La alternancia de superficies ciegas y transparentes establece un juego de percepciones que conecta interior y exterior, potenciando la relación con el entorno natural. La disposición de los planos corridos en las fachadas este y sur maximiza la captación solar y las vistas, al tiempo que refuerza la abstracción del volumen frente a la casa original.
En coherencia con su lenguaje abstracto, el proyecto elimina el concepto tradicional de hueco y lo sustituye por planos continuos de vidrio en las fachadas sur y este, que enmarcan el horizonte natural y maximizan la entrada de luz. En contraste, la fachada norte, casi ciega, incorpora un gran ventanal que introduce una iluminación difusa y homogénea en el interior, funcionando como un “ojo de cíclope” abierto a las cumbres nevadas de Valdelinares.
Estos elementos refuerzan la vocación del pabellón como mirador del territorio: un espacio desde el que observar el paso de las estaciones, el cambio de la luz y la transformación del paisaje. Cada componente, desde el altillo hasta los materiales de fachada, responde a la intención de crear un refugio versátil, confortable y profundamente sensible al clima, integrando la experiencia arquitectónica con el ciclo natural del entorno.
Fotografia: Imagen Subliminal (Miguel de Guzmán + Rocío R. Rivas)
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