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Le Corbusier: 17 edificios modernos para siempre. (II)

Hace una semana comenzamos un recorrido por las 17 obras de Le Corbusier incorporadas este año a la Lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, post que podéis consultar aquí, y que hoy terminamos. Si en la primera selección os mostrábamos las primeras obras del arquitecto –todos ellos edificios residenciales localizados en Europa– hoy os presentamos su faceta más madura, desarrollada tras la Segunda Guerra Mundial, en la que el suizo-francés introduce conceptos como la Unidad habitacional y el Modulor. Nueve proyectos que traspasan las fronteras del viejo continente y demuestran la influencia que el Movimiento Moderno tuvo en todo el mundo, en los que Le Corbusier se atreve con los edificios públicos, religiosos, e incluso el urbanismo, afirmando “poder cambiar el mundo a través de la arquitectura”.

9. Unidad habitacional, Marsella, Francia, 1945

Fotografía: Paul kozlowski / © FLC/ADAGP

Fotografía: Paul kozlowski / © FLC/ADAGP

Después de la Segunda Guerra Mundial, Le Corbusier desarrolló el concepto de Unidad habitacional como la solución perfecta para reubicar a las masas que habían sido desplazadas durante esos años. Un principio de edificios residenciales que encuentra su máximo exponente en esta obra, el primer encargo que el arquitecto recibe del Estado Francés. Además de una oportunidad para poner en práctica sus teorías de proporción a escala, que en 1950 darían lugar al Modulor, este proyecto es buen ejemplo de su oposición a lo que él llama la “manía de las casas unifamiliares”, a favor de los rascacielos como unidades de arquitectura urbana. De naturaleza autosuficiente y autonomía de funcionamiento en relación al exterior, el edificio incluía una zona social de dos plantas, con salas de actos, un restaurante, un hotel y un lavadero; y una azotea como centro de encuentro, con espacios sociales, deportivos e infantiles. Con 140 metros de largo por 24 de ancho y 56 de alto, cada planta albergaba 58 apartamentos duplex accesibles desde un gran corredor interno proyectado cada tres niveles, en un enorme entramado de hormigón armado en el que los apartamentos se encajaban como piezas del Tetrix.

Fotografía: Paul kozlowski / © FLC/ADAGP

Fotografía: Paul kozlowski / © FLC/ADAGP

10. Manufactura en San Dié de los Vosgos, Francia, 1946

Dentro del plan de reconstrucción de la ciudad de San Dié, destruida por los alemanes durante la guerra, Le Corbusier recibió el encargo de su amigo Jacques Duval para diseñar y reconstruir una nueva fábrica. El proyecto supuso una nueva oportunidad para el arquitecto de volver a poner en práctica sus cinco puntos de la nueva arquitectura, a los que añade otros nuevos: las proporciones realizadas en base al Modulor, la fuerte presencia de la sección, y el color intenso con el que se pintan los techos, la carpintería y la fontanería. Con los mismos principios estructurales que la unidad habitacional de Marsella, la planta libre permitió que la fábrica se distribuyese en función de las necesidades de cada momento.

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

11. Casa Doctor Curutchet, La Plata, Argentina, 1949

Muestra de la influencia que el Movimiento Moderno tuvo en todo el mundo, esta casa fue la única construida en América del Sur según los planos del arquitecto, quien nunca viajó a Argentina durante el transcurso de la obra. Con la planta libre, la terraza-jardín, las ventanas horizontales, la fachada libre y los pilotes de nuevo presentes en ella, Le Corbusier tuvo muy presente el entorno, un gran parque al que orientó las vistas, a través de una gran terraza con un jardín colgante a modo de falsa fachada. En el interior, la casa quedó dividida en dos espacios claramente diferenciados, con la zona de consultorio al frente y la zona de la vivienda atrás, articulados por la rampa de acceso y el patio, donde se conservó el árbol existente que lo atravesaba.

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

12. Capilla Nuestra Señora de las Alturas, Ronchamp, Francia, 1950

La mentalidad cartesiana y programática, tan presente en los trabajos anteriores de Le Corbusier, desapareció en esta capilla, que fue construida para sustituir al destruido centro de peregrinaciones de Notre-Dame-du-Haut de Ronchamp. Una revolución en la arquitectura cristiana del siglo XX, cuyo exterior recuerda más a una escultura moderna que a un templo, y donde el interior simula una cueva, con huecos vidriados –algunos de ellos con llamativos colores– que introducen la luz. “Construir un recinto en el que los materiales se presentasen con toda su pureza para meditar sin ser perturbado por nada” fue el objetivo del arquitecto, que creó un edificio único, dominado por las formas curvas y el contraste entre materiales, con una cubierta elevada respecto a los muros que impregna la obra de espiritualidad.

Fotografía: Cemal Emden / © FLC/ADAGP

Fotografía: Cemal Emden / © FLC/ADAGP

13. Cabañita de Le Corbusier, Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1951

Basándose en el Modulor, el sistema de medidas directamente relacionadas con la escala humana creado por Le Corbusier en 1950, el arquitecto construyó un año después su propia cabaña. Una obra de arte y el prototipo perfecto de célula mínima habitable, que con una planta de 366×366 centímetros y 226 de altura materializaba su concepto de máquina para vivir. Elevada sobre una estructura de hormigón y hecha con bastidores de madera y paneles prefabricados, el exterior se cubrió con troncos que le conferían una apariencia vernácula, mientras que en el interior se empleó un llamativo juego cromático.

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

14. Complejo del Capitolio, Chandigarh, India, 1952

En la India, el gran maestro de la arquitectura moderna tuvo la oportunidad de atreverse con un plan urbanístico, a través de la que es considerada ‘obra maestra de la arquitectura con motivo de la independencia de una nación abierta a la libertad y la modernidad’. El proyecto, que supuso un laboratorio de experimentación formal en torno un discurso retórico y político, se basaba en una retícula adaptada a las condiciones del terreno, organizada a partir de la unidad básica denominada sector que, autosuficiente e introvertido, se subdividía en unidades vecinales de alrededor de 150 familias. Basándose en 4 funciones principales –vivir, trabajar, circular y mantener el cuerpo y el espíritu– y en analogía al cuerpo humano, la propuesta contaba con su propia cabeza –el Capitolio–, corazón –el Área Central–, pulmones –el Valle del Placer, los parques y áreas verdes–, cerebro –las universidades y escuelas–, sistema circulatorio –las vías 7Vs–, y sistema digestivo –la industria–.

Fotografía: Bénédicte Gandini / © FLC/ADAGP

Fotografía: Bénédicte Gandini / © FLC/ADAGP

15. Convento Santa María de la Tourette, Éveux, Francia, 1953

En los años 50 la obra de Le Corbusier dio un giro hacia el llamado brutalismo, un periodo caracterizado por edificios construidos íntegramente en hormigón, que dejaban de lado la retórica purista de los planos blancos y ascéticos de su obra anterior, y apostaban por las texturas rugosas y una fuerte materialidad. De belleza austera, en clara empatía con la vida de los monjes, el arquitecto compuso una fachada a partir del Modulor, consiguiendo un efecto abstracto y asimétrico, logrado gracias a la repetición de rectángulos de diferentes anchos. En el interior, un gran patio organizaba el espacio, situando en torno a él el monasterio –en forma de C– y la iglesia –que con forma de caja cerraba el conjunto–.

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

16. Museo Nacional de Bellas Artes de Occidente, Taito-Ku, Tokio, Japón, 1955

Le Corbusier fue el elegido por el Gobierno francés para construir este museo, que albergaría la colección requisada al ciudadano japonés M. Matsukata, que la ‘tomo como prisionera durante la guerra entre 1916 y 1923’, y que en 1956 Japón solicitó su devolución. El arquitecto propuso un museo en ‘espiral cuadrada’, organizado en torno a un patio, que se mostraba al exterior como un contenedor opaco, elevado del suelo sobre pilotes, con tan sólo dos aberturas al entorno y una escultural escalera de acceso. Junto al edificio principal, diseñó además un Pabellón para exposiciones temporales y un edificio dedicado al teatro y experimentos teatrales llamado la ‘Caja de los Milagros’.

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

17. Casa de la Cultura de Firminy, Ródano, Francia, 1955

Como parte del conjunto de Firminy, que reunía también una Iglesia y un Estadio en torno a la Unidad habitacional, Le Corbusier construyó este edificio de hormigón, de 112 metros de largo y una original sección, con forma de bóveda invertida. Para el diseño de las fachadas este y oeste –cuya inclinación se traslada al interior en forma de graderío– el arquitecto contó con la colaboración del compositor Yannis Xenakis, junto al cual diseñó una original composición de paneles de vidrio de colores, creada a partir de proporciones musicales y arquitectónicas.

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografía: Olivier Martin-Gambier / © FLC/ADAGP

Fotografías cortesía de la Fundación Le Corbusier

 

 

 

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