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Capilla en Colombia, de Daniel Bonilla: formas en comunión con el paisaje.



Daniel Bonilla firma esta capilla abierta en La Calera, Colombia. Una edificación singular que, gracias a la simplicidad de su geometría, crea una armonía especial con su entorno. El paisaje, el cielo y la luz son elementos que, junto a los materiales elegidos, crean una atmósfera íntima, de máximo recogimiento.


Partiendo de una geometría básica, esta capilla en La Calera reproduce de manera mimética los colores y materiales de su paisaje, buscando alterarlo en lo más mínimo. A su vez, la pureza de este volumen escenifica la armonía, lo esencial; su sencillez equivale a silencio, a austeridad.


El proyecto ha pretendido crear un “espacio interior cambiante”, capaz de acoger desde pequeños grupos privados hasta grandes celebraciones públicas. Este cambio de enfoque, escala y funciones parte de su planta en forma de cruz y de las grandes puertas móviles que transforman fácilmente el interior de la capilla; así, el espacio del altar se convierte en coro, la nave principal en nave lateral, la sacristía en paisaje. Para que todo suceda de forma racional, la posición del edificio, suavemente recostado en una ladera, fue detenidamente estudiada.


Estos cambios, estas puertas, ejemplifican , según los arquitectos, “el paso entre dos mundos, entre lo conocido y lo desconocido, la luz y la oscuridad”. El paso de un recinto axial para treinta personas a un ámbito abierto donde el propio edificio se convierte en altar, a través de una configuración transversal, posee un alto valor simbólico. Las puertas poseen un valor dinámico, psicológico; no solamente indican un pasaje, sino que invitan a atravesarlo”


También los materiales nos remiten al paisaje. Siguen unos mismos principios esenciales: lo mimético, lo natural y la evocación de las texturas del entorno establece un lenguaje dual. Las estructuras rígidas son de piedra; en contraposición, el cuerpo móvil mezcla vidrio y madera en piezas que conforman un entramado, casi un tejido o un velo. En uno de sus lados, el edificio se refleja en un estanque. Este espejo de agua diluye la masa en el paisaje, reitera y distorsiona este volumen, haciendo que su densidad se desvanezca.

Fotografías en www.noticiasarquitectura.info

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